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El arte de alcanzar la felicidad depende mucho más de lo que uno es que de lo que uno tiene o representa para los demás. Del fuero íntimo nacen  las emociones, la voluntad y el pensamiento que son los que orientan las acciones en dirección a las metas.

Diciembre 2011  | Publicado en la

 

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EL PODER QUE NOS HABITA

Por Horacio Krell*

 

El arte de alcanzar la felicidad depende mucho más de lo que uno es que de lo que uno tiene o representa para los demás. Del fuero íntimo nacen  las emociones, la voluntad y el pensamiento que son los que orientan las acciones en dirección a las metas.

Hay un  poder interior que en el mundo se conoce como empowerment  que significa tomar conciencia de sí mismo, de la misión en la vida y asumir la actitud necesaria para superar los obstáculos con un acceso bidireccional a la información y al conocimiento, que brindan la confianza de sentirse dueño y arquitecto creador del propio destino.

Hay una mitad objetiva externa, es el destino que a cada uno le tocó, la otra mitad es subjetiva, no es posible apartarse de ella y se debe administrar.  Quien descubre su riqueza interna no tendrá que implorarle al destino, pero un pobre diablo, lo será  aun en el paraíso.

Ese poder se aloja entre las dos orejas con un puente hacia el corazón. Como es un capital invisible nadie lo podrá robar y será el mejor compañero en tiempos de soledad.

Es un activo que se desarrolla cultivando afinidades, con una educación que se adapte a su naturaleza, eligiendo la ocupación y el estilo de vida que mejor le correspondan.

Educar es sacar de adentro el potencial que traemos al nacer y extraer de uno mismo lo mejor. Es poco lo que el exceso de bienes aporta, pero el hombre se concentra en ellos más que en desarrollar su genio, como el que era tan pobre que lo único que tenía era dinero.

Resiliencia, el empowerment de los menos favorecidos. Hasta un problema crónico puede favorecer. Resiliencia en física es la característica del caucho o el resorte, de estirarse, contraerse y  recobrar su forma. Cuando la arenilla penetra  en  la ostra, ésta segrega una sustancia y la convierte en perla. En el hombre resiliencia  es salir de la adversidad. El resiliente es el que comprendiendo  lo que le pasa,  descubre sus fortalezas, cree en un futuro mejor, construye redes de apoyo, acepta metas desafiantes, confía en alcanzarlas, usa  sus recursos y tiene una estrategia. La ostra hace de la intrusa una parte de sí, la adapta a su  naturaleza. Una ostra que no fue herida no produce perlas.

La realidad está ahí. Pero lo que vale es la percepción, no existen hechos sino interpretaciones decía Nietzche. Lo que para unos es insignificante para otros es valioso.

El azar y los accidentes importan menos que el cristal con que se miran. Para Pasteur el azar sólo favorece a las mentes preparadas. Se soporta mejor una desgracia fortuita que aquella de la que uno es responsable. La suerte cambia, la naturaleza no.  

Carácter noble, inteligencia, temperamento fuerte, ánimo alegre, cuerpo bello y sano, son bienes subjetivos; sostenerlos es mejor que rendirse ante el dinero o la fama.

La alegría de vivir. Quien ríe mucho es feliz, abre la puerta a la alegría que es la moneda en efectivo de la felicidad. Los demás bienes son sólo papeles, nada es más triste que la riqueza ni más alegre que la salud: en las clases humildes hay rostros alegres y contentos, en las ricas pululan los descontentos y los amargados.

La salud es el 90% de la felicidad. Sin movimiento físico no es posible conservarse sano, hay desproporción entre tranquilidad externa y tumulto interior.  La belleza es una carta de presentación que nos rinde frutos de antemano y nos ofrece el corazón de los demás.

Como afirma el proverbio: mente sana en cuerpo sano, si uno se enferma el otro también lo hará. El pensamiento positivo atrae endorfinas, drogas que el cerebro crea y brindan salud,  belleza y bienestar. Pensar en negativo produce neurotransmisores tóxicos para la salud.

El dolor y el aburrimiento. Son los enemigos de la felicidad. Cuanto más tenemos de uno, más nos alejamos del otro. La carencia lleva al dolor, la abundancia al aburrimiento.  

La torpeza espiritual embota la sensibilidad y debilita la excitación. Da lugar al vacío interior que se manifiesta en la atención desmesurada por el mundo exterior.

La sociedad de consumo nos ofrece un radar para imitar a ricos y famosos. Al vacío interior se lo llena con reuniones, entretenimientos, placeres y lujos, que conducen al derroche y luego a la miseria. A menos espíritu se requieren más relaciones sociales superfluas

No hay mejor escudo que descubrir la riqueza interior, como decían los griegos: “conócete a ti mismo”.  La inteligencia demanda una sensibilidad aguda y emotiva. Cuanto mejor sea el mundo interior, menos se pedirá afuera y menos se dependerá de los demás.

El aburrimiento de los ignorantes. En soledad se ve lo que uno es. La gente ordinaria necesita ocupar el tiempo; el talentoso lo utiliza. El ocio es un fruto que permite tomar posesión  de uno mismo. Al final la vida se encargará de dejarnos solos. Para Goethe: Sólo contamos con nosotros mismos. Aristóteles lo expresó así: La felicidad es de quienes se bastan a sí mismos.

En la ancianidad lo importante es el mundo interior. Nada resiste mejor el paso del tiempo que esta fuente inagotable. El mundo externo no tiene mucho que ofrecer: está lleno de miseria y dolor, o el aburrimiento acecha. Allí la maldad y la estupidez dictan cátedra. Son materias obligatorias pero sufrir por ellas es opcional.

No existe goce sin necesidad genuina. La necesidad es la madre del problema que invita a superarlo, el hombre vulgar tiene su centro de gravedad fuera de sí. Es de torpes perder lo interno por lo externo; cambiar paz, independencia y creatividad por lujo, títulos y honores.

La autoestima es un capital invisible. La dicha se alcanza con su aparición frecuente. En la persona común lo vulgar vence al conocimiento, a su vida práctica no la mueve la pasión y se hace aburrida e insulsa, y no tarda mucho en volverse dolorosa.

Muchas veces es necesario elegir entre soledad o vulgaridad. La soledad concede al intelectual la posibilidad de estar consigo mismo y de no estar con quien no quiere.

La sociabilidad moderna  es peligrosa y hasta perversa, pone en contacto con seres moralmente nulos, intelectualmente estúpidos, o psicológicamente trastornados. El intelectual no necesita de los que sólo se ponen contentos con la desgracia ajena.

Ser viejos jóvenes. En la juventud creemos que los sucesos y los personajes importantes de la vida anunciarán su aparición con trompetas, en la vejez, la visión sabia y retrospectiva,  asocia el conocimiento con la experiencia y nos recuerda que entraron deslizándose sigilosamente por la puerta de atrás y penetraron casi inadvertidamente.

De  jóvenes creemos que la vida durará para siempre, y desperdiciamos el tiempo. De viejos aprendimos a administrarlo, cada día se vive con intensidad plena.

La pasión por el raiting  es el motor de una vieja locura exacerbada por el encuentro de circunstancias propicias y sujetos desarmados.

Ya The Times del 31/3/1846 sobre Thomas Wix, un obrero que había asesinado a su patrón decía: El día de su ejecución quería mostrar su valor extremo. Subió las gradas del cadalso e hizo grandes saludos. La multitud respondió con aclamaciones.

Tener la muerte a la vista y preocuparse por el efecto, es un ejemplo de loca ambición. Disgustos, inquietudes, desvelos, envidias y rencores se basan en valorar demasiado la opinión ajena. La naturaleza animal es nuestra materia prima. La felicidad no es cosa fácil: es difícil hallarla en nosotros e imposible hallarla afuera. Para Voltaire dejaremos este mundo tan necio y malvado como lo encontramos. Hay que aprender a ser, que lo uno es no sea una traba para llegar a lo que quiere ser. Ser o no ser, ser uno mismo, esa es la cuestión.

 

*El doctor Horacio Krell es el CEO de Ilvem, para contactarlo por cursos o franquicias se le puede enviar un e-mail a horaciokrell@ilvem.com




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