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EL SECRETO DE LA BUENA SUERTE
El azar es un suceso imprevisto que nos pasa, el secreto de la buena suerte es hacerlo jugar a nuestro favor. Por eso Pasteur decía que “el azar sólo favorece a las mentes preparadas”.
Hacer de la casualidad la causalidad del éxito implica saber responder ante lo nuevo que se presenta o poder mirar lo viejo con una mirada distinta.
El test de la buena suerte. Pero si el azar que es el antecedente inmediato del secreto de la buena suerte nunca llega a nuestra vida deberemos cambiar nuestro modo de contactarnos con la realidad. En lugar de esperar pasivamente que las cosas ocurran -haciendo más de lo mismo o actuando solamente cuando los problemas se hacen evidentes- hay que generar el cambio explorando, investigando y generando en modo proactivo las condiciones necesarias para que los sucesos favorables se reproduzcan una y otra vez.
Serendipidad: el secreto de la buena suerte. La palabra inglesa “serendipity” o buena fortuna es un neologismo creado por Horace Walpole, quien lo deriva de la historia del rey de Serendippo. Sus hijos, “Los tres príncipes”, descubrían cosas sin buscarlas, dejando que el azar -como una mano invisible- ordenara sus vidas. Utilizó el término “serendipity” para describir los hallazgos valiosos e imprevistos que surgen cuando se combinan el accidente con la sagacidad.
Voltaire escribió la historia Zadig, un campesino arrestado con el cargo de robar el perro y el caballo de los reyes. El error de Zadig fue afirmar ingenuamente que los animales pasaron por donde él estaba pero que nunca los vio. Durante el juicio pudo demostrar que dedujo su presencia analizando sus huellas en la tierra. Esta capacidad de predecir hacia el pasado difiere del modelo científico generalizador y se basa en que si las causas no son reproducibles no cabe otra solución que inferirlas de sus efectos.
Desarrollar la intuición. Hay modalidades del saber mudas o tácitas. No se aprende el arte del conocedor mediante reglas ya que hay factores como el olfato y la intuición que permiten saltar de lo conocido a lo desconocido por indicios o sensaciones. Esta modalidad del saber señala el vínculo estrecho entre el hombre y las otras especies. Pierce llamó abducción a la facultad de inferir la causa del efecto a través de la creación de la hipótesis.
A los hombres, en general, les pasan las mismas cosas pero algunos las ven distintas. A muchas personas a lo largo de la historia les cayeron manzanas en la cabeza o vieron ollas hirviendo que levantaban la tapa, pero sólo Isaac Newton y James Watt descubrieron la ley de gravedad y la energía del vapor. Ellos conocían el secreto de la buena suerte.
Las condiciones favorables. A la buena suerte la acompañan ciertas actitudes: ser un observador atento de la realidad, mantener la mente inquisitiva del niño, tener iniciativa para convertir sucesos en oportunidades, ser perseverante y valiente para seguir los dictados de la intuición.
La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo. Para lograrlo hay que arriesgarse ya sea jugando al póker o al ajedrez. Lo importante es estar presente cuando a la idea le llegue su oportunidad. A la buena suerte hay que ayudarla, porque florece en los terrenos fértiles del saber y del querer.
Napoleón designaba como generales a los que tenían buena suerte. Pero la suerte se prepara. Para Edison “el genio es un 10 % de inspiración y un 90 de transpiración”. El emprendedor tiene el raro privilegio de saber darle forma a las ideas.
Lo que se posee y no se usa se pierde. Cervantes dijo: “el que no sabe obtener el máximo de su suerte, no tiene derecho a quejarse si pasa de largo”.
El secreto de la buena suerte es la respuesta ante el azar. El optimista aplica el principio de Pandora según el cual la esperanza es el antídoto contra todos los males y aprende a volcar las situaciones a su favor. No descuida su capacitación ya que las olas y los vientos siempre están del lado del marinero más capaz. Tampoco rebaja la claridad de su visión porque las olas y los vientos sólo colaboran con el que conoce a qué puerto quiere arribar.
No hay suerte posible para el que no sabe bucear en el mundo interior para conocerse a sí mismo. Concentrarse en metas u observaciones equivocadas hace contraer una deuda con el “banco interno”, que es el que presta la energía. Si este compromiso no se cumple la deuda se paga con estrés y se llama mala suerte.
Con respecto al futuro podemos elegir un rol pasivo y convertirnos en hojas arrastradas por el viento. Lo ideal es transformarnos en los arquitectos creadores de nuestra buena suerte.
Amado Nervo dijo: “porque veo al final de mi rudo camino que yo he sido el arquitecto de mi propio destino.¡Vida nada me debes! ¡ Vida estamos en paz!”
* Dr Horacio Krell. Director de Ilvem. Secretario de rel. internacionales de UAF Unión Argentina de Franquicias y Propulsor de UP Unión de Permutas. Consultas a horaciokrell@ilvem.com.
EL SECRETO DE LA BUENA SUERTE
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