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Dicen que cada persona es única. Pero
si alguna vez esa idea cobró sentido fue cuando Oliver Sacks, el
neurólogo recientemente fallecido, describió en detalle varios casos
clínicos. En el tema de la visión y la imaginación visual consideró
que la vista es un constituyente de nuestra personalidad, que nos
permite no solamente ver, sino ser lo que somos. Contó historias de
gente que lograba comunicarse a pesar de haber perdido habilidades
claves como leer o percibir en tres dimensiones. Como Lilian, una
concertista de piano que distinguía las letras pero que no podía
leer sus partituras. O Howard, un escritor que un día despertó y
encontró que todo lo que quería leer, se le aparecía impreso en
signos incomprensibles. Lilian pudo seguir tocando el piano de
memoria y Howard escribir sin poder leer, inventando un sistema para
descifrar las notas que tomaba.
Alucinaciones. Sacks relata
las perturbaciones que le produjo su incapacidad de reconocer caras,
aun las más cercanas y familiares, y el disolvente efecto que tuvo
sobre su propia percepción el tumor que le encontraron en el ojo
derecho. Afirmó que no
vemos con los ojos, sino con el
cerebro; de ahí que veamos cosas que no están y que llamamos con el
término genérico de alucinaciones, que también pueden ser olfativas
o auditivas.
Cuántas veces hemos «oído» que alguien
nos llamaba y al volvernos no había nadie; o hemos experimentado un
olor cuya presencia es físicamente imposible; o hemos creído que
alguien nos seguía; o hemos «visto» algo que no pertenece a nuestro
mundo.
Las alucinaciones
obedecen a causas diversas. La gente que pierde la vista puede
compensar su carencia con un rico mundo visual alucinatorio, sin el
cual no podría comprender figuras como ángeles o brujas, ni las
obras de autores muy conocidos, víctimas todos ellos de
alucinaciones.
Las alucinaciones son
ventanas para asomarnos a la complejidad de los circuitos cerebrales
y a la forma en que éstos muestran la realidad o, a veces, crean la
suya propia. Desde las visiones religiosas y su explicación
fisiológica, hasta el uso de drogas psicodélicas como puerta a una
percepción interior que los sentidos nos niegan, Sacks construye una
auténtica historia cultural de la percepción, un estudio
antropológico de una supuesta anormalidad que no es más que el
reverso de la realidad. La comprensión del doctor Sacks hacia sus
pacientes y su perspectiva filosófica transforman simples casos
clínicos en relatos que iluminan las complejidades del cerebro y los
misterios de la mente.
Sacks se muestra más
humano que nunca, invadido por el terror ante un diagnóstico de que
podía perder la vida. Sus Melanoma Journals dan cuenta de
su experiencia, de sus fluctuantes cambios de ánimo y de los
fenómenos que experimentara su visión cada vez más afectada.
Los pacientes reseñados son gente común que
enferma de males poco comunes. A medio camino entre el relato
biográfico y la narración médica, Sacks no rehúye a eso que
atormenta a todo enfermo. En el capítulo "Persistencia de la visión"
escribe: "El diagnóstico es un umbral más allá del cual se extiende
toda una vida, por larga que sea, de pruebas, tratamientos,
vigilancia, y siempre, una relación de reserva con el futuro.
Hoy, el
primer día de invierno, me van a hacer las pruebas de funcionamiento
del hígado. ¿Se ha extendido la bestia hasta el hígado? ¿Ha hundido
sus garras en mis órganos vitales? ¿Moriré a causa del melanoma? La
idea no deja de rondarme la cabeza".
Despertares.
En este libro describe una epidemia de encefalitis letárgica que
mantuvo inmóviles a personas por más de 40 años. Estaban abandonados
en el Beth Abraham Hospital, cuando decidió administrarles una droga
que se usaba en enfermos de Parkinson. Los enfermos despertaron,
volvieron a moverse, pero no recuperaron su vida anterior. Estas
historias lo consagraron en la ciencia y le dieron fama, (algunos
casos han servido para la serie televisiva House).
En Los ojos de la
mente lleva el
ejercicio al extremo, porque ahora el objeto de estudio es él mismo
y la sombra que crece en su ojo derecho. Como médico antropólogo
analiza en qué nos convertimos cuando perdemos eso que solíamos ser.
Máquinas de supervivencia.
Los
especialistas en helechos creen que son maravillosos, aunque es
evidente que no tienen ni la forma ni los colores de las flores: son
una forma de vida más simple, pero tienen su belleza particular y
muy delicada. Son máquinas de supervivencia como las enfermedades
neurológicas, que recuerda en el caso de El hombre que confundió
a su mujer con un sombrero. La parte visual del cerebro empezó a
degenerar y tuvo problemas para reconocer por la vista lugares y
personas; aunque si le hablaban o las tocaba, podía reconocerlas. En
una ocasión alzó la mano para tomar su sombrero y le tocó la cabeza
a su mujer y creyó que era el sombrero. Podía reemplazar el
reconocimiento visual. Cuando no encontraba su ropa, si cantaba y
componía un fragmento musical lo conseguía. Este es un ejemplo del
mecanismo de supervivencia del cerebro, que se adapta y encuentra
formas nuevas de hacer las cosas. Hasta en el cerebro más dañado la
música es lo último que se pierde.
La
música tiene un gran poder organizador, a menudo los niños recuerdan
toda la letra de una canción si va acompañada de la música.
En
Despertares se veía a pacientes sin movimiento, congelados, que
no podían moverse, pero que en cambio podían bailar; o a pacientes
que no podían emitir ni una sílaba, pero podían cantar. La música
sobrepasaba, al menos durante algunos minutos, el mal de Parkinson,
y los liberaba, les permitía el movimiento libre. Y todo cambiaba,
las ondas cerebrales oscilaban, había un cambio neurológico profundo
con la música.
Su
primer mundo fue el de los objetos.
La química, y luego las plantas, la zoología y finalmente el hombre.
Y dentro de la química, la historia y las biografías de sus
personajes lo fascinaban: por ejemplo, el tungsteno era un elemento
que le gustaba, y era muy importante saber que lo descubrieron en
España dos hermanos vascos, de manera que siempre le interesó el
aspecto humano de la ciencia. Hablando del tungsteno por algún
motivo cree que es un metal maravilloso y noble. Le gustan los
supervivientes. En su dormitorio tenía una tabla periódica enorme
sobre la cama, con una manta que dice “Durmiendo bajo los
elementos”. Esto da la seguridad de que existe una especie de orden
en el caos en el que se expande el universo. Cuando era un niño,
durante la guerra lo enviaron al campo, lo separaron de su familia y
de Londres. El colegio al que iba era caótico y cruel, todo era
impredecible. Entonces, cuando regresó a Londres, un tío lo
introdujo al tungsteno, a la química, a la tabla periódica, y a un
sentido de orden en el universo. Al menos uno podía fiarse de esto.
Añoró mucho las antiguas luces de gas con su preciosa luz algo
amarillenta. Hace 100 años no estaba claro si ganaría el gas o la
electricidad. Luego los intereses de Sacks se volcaron al cerebro.
El
problema de la memoria.
Los movimientos vívidos y concretos, eran para él, válidos y
fiables. Fue traumático descubrir que otros no lo eran.
Hay dos recuerdos muy vivos, de bombas que explotaron en Londres
cuando tenía 6 años. Uno se lo describió a un hermano mayor y estuvo
de acuerdo: sí, es exactamente como lo recuerdas; el otro recuerdo,
el de bombas en su jardín lo contradijo: tú nunca lo viste porque en
aquel momento estábamos afuera. Pero Sacks podía ver las bombas caer
que lanzaban metal caliente. ¿Cómo puede ser? El hermano le explicó
que un hermano mayor les escribió una carta con una descripción muy
viva. Y dijo que había quedado muy fascinado por su descripción.
Es
obvio que en su mente, construyó la escena a partir de su
descripción, y luego se la apropió y la consideró erróneamente un
recuerdo propio. Ahora lo sabe, intelectualmente es consciente de
ello, pero aun así no puede distinguir el recuerdo verdadero del
falso.
Afirmó que esto demuestra tanto la fuerza como
la debilidad de la memoria y de la imaginación humana: hacemos cosas
sin saber de qué fuentes proceden: ¿lo experimentamos, lo oímos, lo
leímos? Todo lo que se sabe es que nos parece real y una parte de
nosotros mismos. Es frágil el poder de la memoria. No hay dos
personas que describan un suceso de la misma manera. Los testigos de
un delito dan versiones diferentes. Ninguno de ellos miente: ven las
cosas desde perspectivas diferentes, hacen sus propias asociaciones,
tienen sus propias emociones. Esto intrigaba a Freud ya en los años
90 del siglo XIX cuando muchos de sus pacientes le describían cómo
habían sufrido abusos sexuales en su infancia; al principio lo tomó
como si se tratara de una verdad y después empezó a preguntarse si
a veces la imaginación o la fantasía no habían intervenido. Y esto
lo vio claro cuando la gente empezó a explicarle historias de haber
sido abducidos por extraterrestres, y llevados a una nave espacial.
La flexibilidad, la resistencia, y la incertidumbre, están en el
interior del sistema nervioso y forman parte de la naturaleza de la
vida. Es decir que dependemos de la información que recibimos. Si
esa información se corta, como alguien que es ciego de nacimiento no
puede recibir una imagen visual, o un sordo de nacimiento no puede
concebir un sonido, de igual modo se puede ser ciego y sordo al
cuerpo si se le corta la información.
Sacks Le recordó a la gente que había dos concepciones: la
convencional, en la que el héroe es el médico que llega a un
diagnóstico a través de datos que cada día son enumerados de manera
más objetiva. Para Oliver el héroe es el paciente, y le interesa
ayudarlo a reconstruir su mundo. El primer acto médico, es
determinar qué le pasa, hacer un diagnóstico para poder hacer algo.
Cuando trabajaba en un geriátrico, oí un sonido horrible y vi a un
hombre que padeció un ataque mientras comía: se había atragantado
con un muslo de pollo: la única manera de salvar su vida era coger
un cuchillo y hacer una traqueotomía; y fue lo que hice.
Pero en la mayoría de casos hay personas que enfrentan algo que les
ha sucedido y la reconstrucción de su vida se convierte en algo
fundamental. Muchas veces lo ayudamos no sólo a aceptarlo, sino
también a sentirse creativo y feliz en su mundo. Quizás 200 millones
de personas necesitan ser vacunadas contra la gripe. Pero también
existe ese individuo que padece su mal, y entonces tiene que haber
este intento paciente, lento y largo de reconstruir su vida. Eso
requiere escuchar mucho y apreciar las cualidades personales del
paciente, y esto es lo que a Oliver le gustaba hacer.
Afasia.
Es la pérdida total o parcial de la comprensión del lenguaje.
Algunos pacientes conservan su capacidad intelectual, de pensamiento
lógico, de recordar, de conjeturar y de hacer planes. El
funcionamiento interior puede prescindir de las palabras y
desarrollar habilidades compensatorias de tipo corporal, mediante
gestos y mímica y de entender las intenciones de los demás a partir
de sus expresiones faciales y también de transmitir sus pensamientos
del mismo modo. Los sistemas de representación no verbal pueden
quedar intactos.
Las neurociencias han confirmado que el cerebro posee más capacidad
de reparación y regeneración de lo que se cree. Por su plasticidad
logra que zonas no dañadas asuman funciones deterioradas. Y en lo
individual existe capacidad de adaptación, de hallar nuevas maneras
de hacer las cosas.
Hay dos formas de comunicación y representación: decir y mostrar.
Decir implica un perfecto acoplamiento entre la estructura lógica y
la sintáctica. Mostrar presenta la información directamente sin una
estructura gramatical subyacente. Los modos de representación
descriptivos y los figurativos son complementarios, de modo que se
puede usar el uno o el otro. La mimesis, la representación
deliberada de pensamientos, sentimientos e intenciones, es un logro
exclusivo del hombre, como el lenguaje y la música. Los monos pueden
imitar pero no crear.
La cultura mimética es un estadio intermedio entre la cultura
episódica del mono y la cultura teórica del hombre moderno. La
mimesis tiene una representación mayor que el lenguaje en el cerebro
y es por eso que se conserva ante su pérdida, sobre todo si se la
sigue entrenando.
En la era
electrónica.
Hoy
existen recursos para expresar las emociones. Podemos usar una
combinación entre los dos puntos y el cierre de un paréntesis para
generar una empatía en el receptor del mensaje. Los emoticones
mantienen su vigencia y tuvieron sus adaptaciones en Japón con los
kaomoji. De lectura horizontal, la expresión de sorpresa *_* y el de
tristeza (;_;).
Si faltaba
algo, aparecieron los emoji, son pictogramas que representan
emociones, sentimientos o actividades. Dicen que una imagen vale más
que mil palabras, y desde Oriente se animaron a difundir los
stickers virtuales. Más expresivos y coloridos, pero limitados a sus
propias plataformas.
Los ojos que ven muchas veces terminan no viendo nada. Los ojos de
la mente pueden activarse a través de relatos que estimulan la
imaginación. Es un proceso recíproco de enriquecimiento. Existe una
diferencia básica entre la experiencia vivida y el relato, entre el
conocimiento directo y el mediatizado por la palabra. Sin embargo el
lenguaje consigue lo imposible, permite que todos, incluso los
ciegos puedan ver con los ojos del otro.
Ilvem es una entidad educativa cuya misión es el desarrollo de la mente humana en el marco de la teoría de las inteligencias múltiples (espiritual, emocional, intelectual, creativa, artística, estratégica, corporal, social, comercial, comunicacional y digital).
Informes en www.ilvem.com o al teléfono 48215411.
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