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¿Cuál es la tarea que deberremos
realizar por el resto de nuestros días si queremos vivir más y
mejores años? Piense: Esa tarea es - - - - - - - -.
Hoy que conocimiento cambia
radicalmente cada 5 años, si nos quedamos con lo que aprendimos, no
podremos afrontar los desafíos del presente.
Algunas personas pueden seguir haciendo
lo que siempre hicieron, porque todavía la tecnología nos los
despidió, pero los jóvenes no se resignan a ese destino, tienen
altas expectativas y se alejan de las tareas aburridas. Hoy es
difícil que alguien nos ofrezca un empleo como en el pasado. Y si
nos lo ofrecen, no será un empleo de por vida como ocurría en Japón.
Si elegimos no aprender, el esfuerzo será menor, no tendremos
compromisos y nos sentiremos libres de problemas. Pero mientras nos
detenemos, el resto del mundo avanza y tarde o temprano nos
quedaremos afuera, porque todo cambia: Cambian gobiernos, leyes,
mercados, tecnologías, la competencia, los clientes, y sin aprender
perderemos nuestro lugar en el mundo.
La ecuación hombre= tiempo ya no
cierra. Un sabio del siglo xvii dominaba todo el saber de la época.
Hoy ya no hay sabios, sino especialistas que tienen el martillo de
su conocimiento y que, por lo tanto solamente pueden ver un clavo.
El costo creciente de los libros, la escasez de tiempo y la
explosión del conocimiento, implican la necesidad de un sistema
distinto de acceso a la educación.
Paradojas del crecimiento. La
vida pasa por las etapas: la de supervivencia (apenas uno se
sostiene), viabilidad (se sostiene por sí mismo), crecimiento (se
crea una bola de nieve donde más lleva a más) y desarrollo (no se
crece más, pero se aprende a hacer más con menos recursos).
Estas etapas se
intercambian en el tiempo, pero nunca está dicha la última palabra.
El final feliz de los sueños depende de cuándo termine la historia.
Es necesario no bajar nunca la guardia y administrar eficazmente el
ciclo de vida en el que se hallan nuestros proyectos.
La brecha de habilidades.
Es la diferencia entre lo que buscan las empresas y lo que saben
hacer los postulantes a un empleo. Las Asociaciones de habilidades
requeridas son entidades que estudian dónde hay déficit y arman
programas de capacitación
especialmente diseñados. Es un recurso
necesario para mitigar el desempleo y un instrumento para crear
empleo joven, mientras esperamos la revolución educativa que está
pendiente.
Pasamos los primeros 20
años de nuestra vida aprendiendo y una vez que entramos en el mundo
laboral abandonamos la tarea. Eso nos desprotege frente a los
cambios. Con los años la capacidad de aprender disminuye por mal uso
o falta de uso del cerebro y lo que no se usa se pierde.
Y cuánto más
necesitamos aprender, para estar actualizados, es cuando menos
tiempo le dedicamos porque estamos invadidos por la información.
Como dijo Elliot:
¿dónde está el conocimiento que se
perdió con la información? ¿Dónde está la sabiduría que se perdió
con el conocimiento?
Hoy existen formas distintas de
aprender, incluso a distancia, es una de las ventajas que brinda la
tecnología. Si entendemos que la obsolescencia del conocimiento es
cada vez más rápida también comprenderemos el beneficio de darle un
lugar en nuestra agenda a actualizarnos. Dijo
Alvin
Toffler:
"Los analfabetos del siglo XXI no serán
los que no sepan leer y escribir, sino los que no sepan aprender,
desaprender y reaprender"
Con el título no alcanza. El
diploma es una condición necesaria pero insuficiente, se necesitan
adquirir habilidades
blandas.
Las duras se
concentran en el saber hacer. Un diseñador gráfico debe saber usar
Photoshop, un camarógrafo debe saber operar una cámara, un
programador debe conocer el software que usa la empresa. Hay gente
con suficiente competencia profesional y con perfecta incompetencia
social, son incompetentes bien preparados. La educación no les
enseñó a vivir en sociedad y a convivir. Las habilidades blandas
integran aptitudes tales como rasgos de personalidad, conocimientos
y valores. Las más buscadas son las de comunicación, sociabilidad,
creatividad, trabajo en equipo, ser responsable y honesto,
comprometerse con el trabajo, ser proactivo y generador de ideas
innovadoras que ayuden a impulsar el crecimiento.
El oficio de aprender.
Aprender es una tarea para toda la vida. Hay buenos hábitos
como estudiar con suficiente anticipación, obtener información,
aprovechar el tiempo libre. Hay que saber “navegar” en las aulas, en
los textos y en internet. No basta con la escuela, es necesaria la
cultura del ejemplo familiar.
Saberes sobre cómo, cuándo y cuánto estudiar, relacionarse y
desenvolverse no se enseñan en la escuela y son parte de un
currículum oculto para saber preguntar, proponerse objetivos y
revisar si se los cumple o no.
Aprender y emprender.
Se supone que la educación
proporcionará trabajo a nuestros hijos y al mismo tiempo será una
fuente de empleo actual para los que dependen del sistema educativo.
Los principios de la educación aplicables al trabajo fueron
consagrados por la UNESCO en
su informe sobre la educación del siglo XXI. Allí privilegió las 4
A del aprendizaje: Aprender a ser, Aprender a aprender, Aprender a
hacer, a trabajar, Aprender a convivir para promover la cohesión
social, la solidaridad y la construcción de las identidades. Saber
vivir juntos implica el descubrimiento del otro, de lo que siente y
piensa; de la capacidad de trabajar en equipo, de superar obstáculos
y de compartir proyectos comunes.
La UNESCO recurrió a la fábula de Jean
de La Fontaine: El labrador y sus hijos: «Guardaos (dijo el
labrador) de vender el patrimonio, dejado por nuestros padres,
veréis que esconde un tesoro.» ¿Y cuál es ese tesoro? La
educación es todo lo que la Humanidad aprendió sobre sí misma sobre
las virtudes del trabajo a lo largo de la historia: «El padre fue
sabio al mostrarles, antes de morir, que la educación encierra un
tesoro”.
Aprender se conecta con
emprender. Esta relación debe estar orientada por el querer: al
aprender a ser obtengo la E de la energía, al aprender a
aprender accedo a la E de la excelencia, al aprender a hacer
le doy más potencia a la E del esfuerzo, al aprender a
convivir socializo la E de estímulo. No hay mejor práctica
que una buena teoría y una buena teoría se comprueba en la práctica.
A tener éxito también se aprende.
La curva
del olvido.
En el
siglo XIX, el psicólogo Ebbinghaus realizó experimentos para probar
los límites de la memoria humana. Inventó las "sílabas sin sentido"
-palabras creadas con letras al azar- y se dedicó a intentar
memorizar miles de ellas. Su curva del olvido ilustra el rápido
declive de nuestra capacidad para recordar lo que aprendemos:
nuestros cerebros desechan la mitad de toda la información nueva en
una hora. En 30 días, retenemos tan sólo entre el 2% y el 3%. Lo que
Ebbinghaus descubrió fue que lo que olvidaremos es completamente
predecible.
Muerto en vida.
Más allá de la edad, si no tenemos desafíos ya estamos muertos. Y si
los tenemos aprender es la única forma de alcanzarlos. Para
enfrentar problemas hay que saber resolverlos.
Y no
aprendemos algo que no nos interese. Por eso es trascendental
explicitar los intereses de forma consciente. Aprender es un medio
para lograr un fin. Cuando conocemos los objetivos que nos
interesan, entonces aprender se convierte en una herramienta para
conseguirlos. Y es entonces cuando estamos motivados para aprender.En
un mundo robotizado debemos aprender a hacer lo que las máquinas no
pueden. Aprendiendo accedemos a lo nuevo, olvidamos lo que no sirve
y generamos endorfinas que nos potencian. Aprender es algo personal
e intransferible y que depende de nosotros. Saber nos lleva al
pasado y aprender al futuro. La solución es aprender a aprender.
Exitosos sin felicidad. Muchas
veces postergamos nuestros sueños por dinero. Viviendo a pleno
querremos conocer la próxima estación de nuestra vida. De la
infancia quisimos pasar a la adolescencia, y luego a la vida adulta.
La muerte es tan solo un viaje más. Cuando se acerque el final sólo
nos arrepentiremos por no haber ido detrás de nuestros sueños. Todo
lo que hacemos debe llevarnos a la felicidad, a la realización y
nunca al sacrificio. Ser feliz es la gran tarea de nuestra vida.
Cómo dijo Borges: “el gran
error de mi vida fue no haber sido feliz”.
El costo de aprender.
Estamos diseñados para economizar
energía. La “resistencia al cambio” es la reacción natural
del organismo en su intento de mantener el confort que brinda la
rutina. Aprender requiere abandonar cosas que nos gustan y
aprovechar lo que sabemos, es decir gestionar el conocimiento para
adecuarnos a los cambios. Aprender es algo que ninguno puede hacer
por nosotros. Es también la actitud de tener iniciativa. Nadie puede
ser obligado a aprender, pero aprender genera un estado de euforia y
neurotransmisores que mejoran el rendimiento. Aprender nos dispara
hacia el futuro, en cambio la memoria nos conduce hacia el pasado.
Aprender a aprender es sostener la curiosidad que teníamos de niños.
Mentes
brillantes.
Si los
vemos jugando en la plaza, son chicos, como cualquiera. Pero en
ellos se esconden “mentes brillantes”: son chicos que aprendieron a
leer solos, que tocan el violín o van a clases de chino, que leen
partituras o piden microscopios para analizar bacterias. Son
“superdotados” –tienen altas capacidades intelectuales–, pero siguen
siendo chicos. Un “superdotado” tiene
un coeficiente intelectual igual o superior a 130, cuando la media
es de entre 90 y 110. Lo tienen sólo un 2% de las
personas.
Einstein
se divertía haciendo castillos de naipes de varios pisos, lo que iba
más allá de las cartas como objeto. Lo que mejor se aprende es lo
que uno hace y no tanto lo que se
tiene, lo que se ve o lo que se escucha. Un día, el
pequeño Einstein estaba enfermo en la cama, su papá le regaló una
brújula y se puso a jugar con su aguja, y notó que siempre apuntaba
al mismo lugar. Así entendió que había fuerzas que impulsaban las
cosas donde aparentemente no había nada. Ya de grande, Einstein
atribuyó sus grandes logros a la capacidad de mantener el asombro
infantil más que a su coeficiente intelectual. Y esa
capacidad de asombro, está en los ojos de todos los chicos.
Debemos cultivarla.
El conocimiento crece si
lo compartimos.
El que juega para sí mismo
no logrará que sus compañeros compartan su conocimiento con él y
estancará su aprendizaje. Es necesario diseñar una estrategia que
asegure el aprendizaje permanente. Aprender no es algo tedioso, sino
seguir lo que nos apasiona sin tener miedo, interrogarnos y dejarnos
llevar por la curiosidad. Aprender es un ejercicio de libertad para
saber lo que queremos, que puede y debe ser entretenido aunque no
todo juego sea aprendizaje. El aprendizaje es el principal
instrumento del hombre.
Somos el ser vivo que
mejor aprende. En sus orígenes aprender fue sinónimo de
supervivencia. Tuvimos que aprender a luchar con enemigos más
fuertes, a domesticarlos y crear conocimiento para lidiar con
enfermedades y catástrofes. La tecnología demuestra de capacidad de
aprendizaje.
Si disfrutamos de una vida
mejor es gracias a que las generaciones anteriores aprendieron a
asegurarnos el bienestar. Una civilización avanza más que otras si
basa su predomino en su capacidad de aprender. El poder inteligente
es el querer más eficacia.
Si no queremos aprender,
no aprenderemos. Si no sabemos aprender no se desarrollará el
empowerment, que es el poder interior que se bloquea al no
acoplar las inteligencias complementarias a la inteligencia
principal, que es la del autoconocimiento. Para evitar el bloqueo de
la energía psíquica hay que integrar las inteligencias creativa,
estratégica, ejecutiva, social y digital. Así es como el espíritu
se convertirá en materia
El
hombre no es fuerte cómo los animales poderosos que lo precedieron,
no nada bajo el agua como el pez, no vuela como el pájaro, ni puede
cambiar de colores como el camaleón, requiere de sus padres para
sobrevivir; y sin embargo conquistó al planeta. Ese gran poder lo
obtuvo gracias a su capacidad de comunicarse de una forma que
ninguna especie pudo imitar. Mediante la invención del lenguaje
verbal logró compartir ideas, teorías, conocimientos, miedos y
esperanzas. El hombre es el único ser que pudo grabar el alfabeto en
su cerebro (nunca se pudo entrenar a un animal para que lea). Su
importancia se refleja en la frase de Borges: “no somos lo que
somos por lo que escribimos, somos lo que somos por lo que leemos”.
Newton lo expresó con otras palabras: “no soy un genio, estoy
parado sobre las espaldas de gigantes”
La chispa de la vida.
Nunca hay que pagar la llama que
tanto costó encender y mantener. Apagarla es morir en vida, no hay
que dejar que eso suceda. Esa chispa desea renacer de la mediocridad
y de la chatura. El amor por algo o por alguien enciende o aviva la
chispa y la convierte en llama. Comienza por encontrarle el sentido
al existir. Cada día bien vivido, nos hará crecer, revitalizará y
fortalecerá el espíritu siempre que se elija vivir de verdad.
Es necesario generar la chispa o cuidar la llama del fuego interior
hay que alimentar el espíritu con el combustible idóneo.
Cuando los países se
refieren a la dificultad asumir procesos de cambio, reconocen que
la gente se acostumbra a hacer las cosas que siempre han hecho y
les ha funcionado y no sienten deseos de progresar. No quieren
cambiar porque están cómodos, les falta el deseo. Empiezan a morir
si dejan de soñar y por ende de aprender. Sin aprender dejan de
existir y pasan a hibernar. Para vivir y aprender es necesario
preguntarse; ¿Cuál es la razón de mi vida, cuál es el motivo que me
conduce a aprender? Resuelva ahora el acertijo que encabeza esta
nota:
¿Cuál es la tarea que
deberemos hacer por el resto de nuestros días para vivir más y
mejores años? Esa tarea es: - - - - - - - -.
Informes en www.ilvem.com o al teléfono 48215411.
*CEO de Ilvem. Mail de contacto: horaciokrell@ilvem.com.
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