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Saber
dónde estaba ayer, dónde estoy hoy y dónde quiero estar mañana es la
clave del pensamiento creativo y estratégico. Lo esencial es saber
qué hacer para lograrlo. Las decisiones estratégicas trascendentales
son las que mueven el amperímetro. Poder anticiparse a sus efectos
es la clave del éxito. Un estratega es quien genera ideas originales
con alto valor agregado, visualiza su evolución, planifica su
ejecución en el tiempo y en el espacio, controla los resultados y si
se alejan del objetivo, toma nuevas decisiones para que se concreten
en el tiempo deseado. Lo importante es poder anticipar las
consecuencias de las decisiones. Se puede decidir cualquier cosa, lo
que no se pueden evitar son las consecuencias de las decisiones.
Acción y efecto de anticipar o
anticiparse.
Se trata del adelanto en el tiempo de un hecho que estaba previsto
que sucediera con posterioridad. En genética, es la tendencia que
permite predecir, en el trascurso de su evolución, algo que se
manifestará más adelante. También se aplica a la rapidez del
movimiento o creación de una idea con la que alguien llega a un
lugar u obtiene un logro antes que otra. Esta capacidad para prever,
juzgar y anticiparse a lo que va a ocurrir es una habilidad que le
permite al deportista intuir lo que hará su compañero de equipo u
oponente. En retórica, es analizar la objeción a un argumento para
refutarla de antemano.
Incrementar el poder de anticiparse.
Requiere desarrollar ciertas capacidades que suelen estar
adormecidas. Hay
un refrán que dice: es mejor prevenir que curar. El cerebro está
preparado para resolver problemas cuando se presentan, no para
anticiparse con acciones que eviten que los problemas ocurran. La
vida moderna recarga la agenda con el axioma de aprovechar el
tiempo, que time is money y que cuando no se hace nada es
que algo anda mal.
A veces
sucede al revés y se deja para más adelante algo que se debería
hacer hoy. La causa es no saber separar lo urgente de lo importante
y ante una amenaza u oportunidad, se difiere la resolución. Por
eso una operación diferida suele ser una oportunidad perdida.
El
costo de oportunidad. Un
exceso de realismo no permite imaginar soluciones alternativas. El
concentrarse en el aquí y el ahora impide que emerja una idea
distinta a la que siempre se aplicó. Se conoce como costo de
oportunidad el que se produce por estar demasiado ocupado y por lo
tanto no tener tiempo libre, ni dejar espacio en el cerebro, para
que emerjan las opciones.
El
cerebro también entra en crisis cuando debe elegir entre valores
alternativos y contradictorios, como tener que optar entre una
solución práctica y otra que refleje la ética pura.
Anticiparse viendo el pasado. El
desafío que presenta el mal de Alzheimer es encontrar el origen de
la patología, ya que la enfermedad empieza antes de que aparezcan
sus síntomas, (los olvidos). En la etapa previa silenciosa está la
clave para entender el mecanismo y la terapéutica.
El tratamiento
actual sirve para evitar su progreso, pero no revierte los daños. Lo
distinto sería encarar la investigación antes, con el
presintomático, no con quien ya tiene deterioro cognitivo. Son
las formas de inicio temprano las que permiten anticipar la
presencia del mal.
Los
biomarcadores. Son
indicadores biológicos que pueden medirse para relacionar su
intensidad con el desarrollo de ciertas proteínas en el cerebro. La
información que brindan puede resultar valiosa en la prevención. Los
métodos para obtenerlos son complejos y caros.
Es
necesario delimitar la población sobre la cual encarar esos
estudios, como por ejemplo el estudio de las formas familiares
hereditarias aunque sólo revisten el 1.3 % de los casos.
Miopía de futuro. En
un experimento se ofreció una golosina a niños que podían elegir
entre disfrutarla o esperar y recibir dos. La investigación continuó
en la adolescencia y se comprobó que los que tuvieron habilidad de
diferir la gratificación lograron un mayor bienestar.
El
lóbulo frontal izquierdo del cerebro toma de decisiones y planifica.
Phineas Gage, fue un norteamericano que al lesionar su lóbulo
frontal comenzó a actuar en forma desinhibida y desventajosa: perdió
el trabajo, a su familia y se fundió. Derrochar arruina el bienestar
futuro. Privilegiar en exceso lo inmediato hipoteca el destino.
Donde no hay miopía es en la educación, un esfuerzo de hoy que mira
hacia el porvenir propio y el de la comunidad. La miopía también
puede darse por no tener una visión periférica de los sucesos en un
mundo globalizado.
El ataque
terrorista en Barcelona reforzó la idea de que falta prevención para
reducir los riesgos. Después del atentado en Niza, Francia, el Paseo
de los Ingleses no parece el mismo. Decenas de pilones retractables,
enhebrados por cables de acero, soportan un impacto de 19 toneladas
y hacen imposible que un auto entre en la rambla. Barcelona no
anticipó que le podría ocurrir. La Rambla de Barcelona carecía de
bloques de cemento, a pesar de todos los ataques que se produjeron
en el resto de Europa, con vehículos lanzados contra los peatones.
Soluciones como éstas, si bien indispensables, no aplacan el clamor
popular que exige mayores medidas de seguridad, planteando el debate
de si vale la pena resignar libertades individuales en pos de un
mayor control, cuando la experiencia muestra que este nuevo
terrorismo es inevitable. La mejor prevención contra el terrorismo
está en sus orígenes, en las causas. La estrategia de anticipación
declamada debe basarse en la ética política. Cada acto de terror
tiene un componente político. La realidad del conflicto no puede ser
barrida bajo la alfombra del crimen. Europa actúa militarmente en
países musulmanes. Esto los lleva a interpretar esa presencia como
una guerra contra el islam. Y, como en toda guerra, la respuesta es
provocar víctimas.
El fin del empleo. Es
previsible que, con el crecimiento de la robótica, muchas tareas que
hoy realizan los seres humanos vayan a ser reemplazadas
progresivamente con el uso de robots.
Un
pensamiento anticipatorio a mediano y largo plazo debe introducir la
educación en las industrias del futuro. Las industrias creativas
son sectores de la economía que trabajan en producir, reproducir,
promover y comercializar bienes con contenido cultural, en áreas
como audiovisual, editorial, contenidos digitales, diseño, artes
escénicas, plásticas y música.
Estas
industrias emplean sobre todo a uno de los segmentos con más
dificultades para insertarse laboralmente: las mujeres jóvenes. Las
industrias son parte del entramado económico de los países. En su
actividad producen y diseminan contenidos que organizan la
construcción del capital y de competencias culturales y simbólicas
de la sociedad. Son articuladoras de sentido que inscriben su
accionar en las tensiones propias de una sociedad compleja y
mediatizada.
Las
industrias creativas tuvieron rápida expansión a nivel mundial y
serán las que lideren el desarrollo económico de las sociedades del
futuro. El cine, las artes visuales y del espectáculo, el diseño, el
turismo y el patrimonio cultural, de manera encadenada, permiten que
las ideas se transformen en bienes y servicios que pueden ser fuente
genuina de desarrollo. Distintas formas de emprender han florecido.
Es complicado ver esos casos como emprendimientos, cuando hay mucho
de autoempleo y eso oculta problemáticas de fondo y les trasladan la
responsabilidad de resolverlas con recursos muy escasos. Hay una
especie de trampa en promocionar «ser emprendedor» que oculta la
precarización laboral, mientras invierten energía, tiempo y los
pocos recursos económicos disponibles con resultados no siempre
exitosos.
Invertir en educación. La
educación es el medio que anticipa mejor los resultados del futuro.
Es la industria pesada de cualquier nación porque fabrica los
ciudadanos del futuro. La inserción de la educación financiera en
los colegios es un elemento clave en las estrategias nacionales,
porque la gente educada está mejor preparada para cumplir objetivos,
tanto individuales como colectivos, con lo que contribuyen a una
base más sólida para el desarrollo del país.
La OCDE aconseja que, desde el secundario, se
enseñe a los jóvenes a moverse en las finanzas, a saber leer, por
ejemplo, un resumen de cuenta y tomar decisiones inteligentes. Las
nuevas habilidades requeridas por el mundo actual son: Inteligencia
científica: capacidad de diseñar y programar las máquinas que
automatizarán la vida de la gente. Inteligencia creativa: ideas
innovadoras, sentido artístico, sentido del humor, intuición.
Inteligencia social: capacidad de interrelación, sensibilidad,
persuasión, sentido de la oportunidad, espíritu de equipo y
liderazgo.
En 1970,
Ghana y Corea tenían igual ingreso per cápita. En 2013, el de Corea
fue 14 veces mayor por su inversión en el conocimiento. Tiene 400
centros públicos de investigación, el mayor gasto público por
estudiante y un aumento en la matrícula de educación terciaria.
Negar la realidad. Llama
la atención la capacidad humana de engañar, buscar excusas y mentir.
Hay una rama de la psicología que investiga el engaño, sobre todo el
que nos hacemos a nosotros mismos, justificando las pequeñas
mentiras con las que andamos por la vida, justificaciones que se
convierten en excusas para justificar el mal comportamiento.
Los sociólogos Scott y
Lyman definieron a la excusa como el reconocimiento de una conducta
equivocada para la cual se pueda brindar una explicación racional
que evite sentir culpa. Así se recurre a accidentes, fenómenos
irreversibles, cuestiones biológicas o chivos expiatorios.
Los desafíos del presente. Vivimos
en un mundo que cambia a velocidad vertiginosa, las nuevas
generaciones no se conforman con lo que sus padres aceptaron, los
mercados son atendidos por empresas que hace poco no existían y no
sabemos bien por dónde empezar.
Para qué cambiar, si me va bien, se
suele decir ante el temor a entrar en una dimensión desconocida.
Tendemos a continuar actuando por inercia, pero los errores del
presente se pagan con fracasos en el futuro. Para responder bien
deberíamos intentar tener una estructura mental donde podamos
clasificar cada tema según su complejidad y su impacto. Hay problema
de fácil solución. No es bueno tenerlos en stock, molestan la agenda
y la concentración. Siempre habrá en la lista problemas de difícil
solución a los que hay que dedicarles tiempo y esfuerzo. No hay que
temer a decidir en forma rápida, la experiencia controla el
resultado. Al decidir, es bueno tener cerca al responsable de la
implementación. Lo obvio para uno no lo es para los otros.
Ante
problemas de cierta importancia y complejidad: la intuición es
insuficiente. Es el momento de empezar a desarrollar criterios para
facilitar el proceso decisorio. Es importante que el equipo cercano
de colaboradores comparta esos criterios y los viva. Ante problemas
de importancia y complejidad entra en juego la capacidad de
anticiparse, de ver el futuro lejano, de tener perspectiva, de
saber hacia dónde hay que ir. Lo más difícil de un problema es saber
definirlo. Un problema bien definido es un problema medio resuelto,
no se deben confundir síntomas con la enfermedad. Debemos incorporar
hábitos de análisis que hagan más eficiente la decisión. Saber ver
los hechos relevantes que permitan ver lo que pasa objetivamente.
Definir el problema a partir de diferentes visiones. Listar
alternativas que vayan a fondo. Priorizarlas y elegir la más
aceptable usando la prudencia y la intuición, para armar un plan de
acción claro, concreto y completo. Las capacidades a desarrollar
tienen que ver con separar lo urgente de lo importante.
Viveza
criolla. El
vivo busca zafar del problema, el inteligente lo resuelve. El vivo
embarra la patente del auto para evitar la multa, patea la basura de
su puerta a la del vecino, rellena un envase de marca cara con un
contenido de menor valor, esperando que no se note.
La cancha está embarrada. Los
determinantes de la competitividad son complejos y suelen ser
ignorados por los jugadores. Ser competitivo implica poder ganar
dinero con las actividades en las que se compite, e involucra el
tipo de cambio, los costos laborales, la carga tributaria, el costo
financiero. Para ser competitivo uno mismo el país debe mejorar
todos estos factores, pero hacerlo implica afectar intereses y
muchas veces las soluciones son consideradas “políticamente
incorrectas”. La contrapartida de no hacerlo es la pobreza. Ningún
país puede competir con sus manos atadas en la espalda, la peor
solución es mantener las distorsiones y tratar de aislarse con
barreras. La protección la paga otro sector del país. Un problema no
se resuelve “escondiendo la basura bajo la alfombra”; sino con un
buen diagnóstico y atacándolo integralmente.
Incrementar la capacidad de anticiparse requiere una metodología. El
ser reactivo actúa cuando las cosas suceden y el proactivo hace que
las cosas ocurran. Para adelantarse al tiempo el buen anticipador
usa la proactividad para detectar hacia dónde va el mundo y la
reactividad para responder con rapidez. No pierde tiempo defendiendo
sus antiguas creencias, es innovador y se despoja de su ego para
aceptar la mejor idea sin importarle de donde partió. Al predecir
puede equivocarse, por eso controla la marcha del plan y lo corrige
con celeridad. No mira la pelota, intuye dónde estará y se anticipa.
Sabe que el que pega primero, pega dos veces.
*Director de Ilvem, mail de contacto horaciokrell@ilvem.com. Solicite su test
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