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Es
imposible meter una idea nueva en una mente cerrada. En cambio,
cuando tenemos una actitud receptiva, comprendemos cosas que antes
se nos habrían escapado.
Repetir la
misma rutina disminuye la creatividad. Uno se va quedando sin ideas
y sin la capacidad de producirlas. Lo que más se necesita hoy son
ideas nuevas, que produzcan nuevas respuestas y formas de vida.
Cuando la mente se cierra impide aceptar y crear las ideas que se
precisan para vivir.
Hay personas sin
tantos prejuicios, son tolerantes y comprensivas, ven la vida de
forma más relajada y despreocupada.
Una mente cerrada se
somete a creencias fijas y a las ideologías, una mente abierta se
adapta a los cambios sin perder de vista sus objetivos.
El valor de la diversidad.
Cuando las
neurociencias, a partir de las neuroimágenes, pudieron observar al
cerebro mientras piensa, visualizaron su funcionamiento. Es difícil
que alguien reúna todas las habilidades mentales. En la persona
creativa se activa el lóbulo frontal derecho pero no siempre sabe
sacar provecho de eso, suele calentar la pava sin tomar el mate. El
lóbulo frontal izquierdo se ilumina en el individuo analítico, al
que no se le cae una idea pero sabe elegir la mejor. En un sujeto
ejecutivo predomina el lóbulo basal izquierdo. No tiene ideas ni
sabe seleccionarlas, sólo pregunta que hay que hacer y lo hace. El
socializador es quien le cae bien a todo el mundo. Nadie posee las
cuatro virtudes por eso los equipos deberían reunirlos. La
diversidad es el secreto de los equipos de alta competición:
creativos generando ideas, analíticos eligiendo las mejores,
ejecutivos que las fabrican y socializadores que las venden. Si
todos fuesen creativos nadie se ocuparía de hacer el trabajo.
El concepto genérico de una vinculación estratégica, la que abre la
mente, se observa en el acertijo del ciego y el paralítico perdidos
en el bosque. La respuesta es que sólo se salvan cooperando. El
paralítico ofrece la visión el ciego la locomoción y su unión hace
la fuerza.
La visión ampliada por la
diversidad permite crecer, incursionar en nuevos escenarios, acotar
riesgos, eliminar competidores y evitar el síndrome del especialista
que tiene un martillo y todo lo que ve le parece un clavo. Quien se
suma a una cadena de valor entiende que puede reducir riesgos, bajar
costos, acceder a recursos ocultos o inaccesibles y desarrollar sus
ventajas competitivas. Hay que entender que el mundo se dirige hacia
estructuras participativas. El estar solo ya no rinde. Generar
alianzas nuevas o integrar aliados a las existentes implica
desarrollar relaciones productivas. Cruzando nuevas y viejas ideas y
relaciones la mente se abre y crea su propia fábrica de ideas. Así
puede asociarse con el mejor sin hacer el trabajo que él hizo para
conseguirlo, sumar respuestas transformadoras y optimizar la
ecuación entre los recursos internos y externos.
Mentes conectadas.
Cuando se asocian la inteligencia individual y la social se logra
alinear el foco de atención con la asignación de importancia. Esto
se favorece con las nuevas herramientas de asociación. Para eso hay
dejar la organización científica Tayloriana basada en la decisión en
la cúspide y el control y dotar de decisión al emprendedor mediante
círculos de calidad y creatividad. El que está cerca de la acción ve
mejor los problemas y al participar se compromete. El hombre puede
superar la barrera del 10% que habitualmente usa de su cerebro
cuando se le da la oportunidad de trabajar y crear. Es peligroso
elegir siempre a los amigos como socios ya que muchas veces es mejor
una amistad que surge de un negocio que un negocio que nace de una
amistad.
Los
pecados capitales de la inteligencia social fueron sintetizados por
Ghandi: Política sin principios, Economía sin moral, Bienestar sin
trabajo, Educación sin carácter, Ciencia sin humanidad, Goce sin
conciencia, Culto sin sacrificio.
El atractivo negocio de la
asociatividad fue analizado hace siglos por Adam Smith quien
descubrió que un obrero trabando solo producía 1 alfiler por día,
mientras que 10 que dividían el trabajo fabricaban 5000. Agregando
el avance de la tecnología hoy hacen 80.000.
Dime con quien andas y te
diré quién eres.
Los proyectos participativos funcionan mejor que desde arriba porque
provocan el crecimiento del empowerment (el poder interior). Hoy
que el presente se aleja del pasado y de la organización tradicional
y se transforma en futuro rápidamente, se requiere una mayor
capacidad de apertura, de adaptación y de innovación.
Muchos no simpatizan con
la apertura mental porque miden todo por la ganancia inmediata.
Entonces descuidan su responsabilidad social y pierden al mismo
tiempo la riqueza de la diversidad. Si no logramos convencer a la
gente de las ventajas de la cooperación alabando sus virtudes
hagámoslo mostrando los defectos del egoísmo. Parafraseando a
Borges: “si no los une el amor que los una el espanto”.
Mientras que el
capitalismo se fundamenta en la desigualdad y la democracia en la
igualdad la solución debe darla el Estado, buscando de aliviar el
desequilibrio. Las empresas líderes y los países ricos deben
devolver a la comunidad internacional parte del beneficio que
reciben de ella. Una forma de hacerlo es generando alianzas
estratégicas productoras de trabajo y de inclusión social.
Si dos no quieren uno no
puede. Por eso
hay que educar la inteligencia hacia la convergencia de la
inteligencia individual y la social. La tarea de la educación es
apuntar a la revolución del aprendizaje hacia el verdadero sentido
de la palabra educar, que es sacar de adentro el potencial. En otros
términos es aprender a ser, a aprender, a hacer y a convivir.
La negación y la
resistencia al cambio impiden ver la necesidad que tenemos de ideas
nuevas o de cambiar el rumbo. Al admitir nuestra impotencia y
reconocer lo ingobernable que se ha vuelto nuestra vida, nos
permitimos ver cuánto necesitamos lo que la vida tiene para
ofrecernos.
Depender de sí mismo y ser
terco impide admitir hasta la posibilidad de la existencia de
oportunidades detrás de las amenazas. Sin embargo, cuando
reconocemos el lamentable estado al que nos ha llevado la terquedad,
abrimos los ojos y la mente a nuevas posibilidades y aprendemos a
observar. Cuando otros nos hablan que el desarrollo de su poder
interior le ha devuelto el sano juicio a sus vidas, empezamos a
creer que quizás podamos hacer lo mismo. Como el futuro no existe,
una mente abierta es capaz de inventar su propio futuro.
Un árbol
despojado de sus ramas muere, a no ser que le injerten otras nuevas
al tronco. Del mismo modo, la rutina nos aleja de nuestro rumbo,
cualquiera haya sido. Para crecer, o incluso para sobrevivir,
debemos abrir la mente y permitir que se injerten nuevas ideas a
nuestra vida.
Entrenador emocional.
El auge de las terapias breves es raro cuando se sabe que no hay
curas milagrosas, y que hay heridas que sólo pueden curarse con años
de tratamiento. Su éxito se debe a que, a veces, se puede mejorar
más con un entrenador emocional que con un médico.
El coach hace preguntas,
obliga a reflexionar, no viene con una solución. Saca una foto del
ahora. Aprendizaje, futuro, acción, construcción, gestión de
emociones, posibilidad, facilitador; son las palabras claves que
definen al coaching, y son las que explican cuál es su función.
Es un proceso de
aprendizaje para relacionarse con uno mismo y con los otros, basado
en la acción. El porqué es una pregunta clásica del psicoanálisis,
mientras que el para qué es preguntarse qué quiero que pase en vez
de culparse por lo que pasó o por lo que no está pasando.
El coaching no interpreta
nada, utiliza un lenguaje generativo: quiero que pase tal cosa. Así
se aprende a gestionar las emociones en positivo. Que se vea la
situación con nuevos ojos, desde otra perspectiva, con herramientas
comunicativas con las que es posible salir del patrón reactivo y
tener un papel proactivo, mirar cómo uno está y cómo construir una
situación futura. Por eso el foco está puesto en resultados y logros
futuros.
Sobrecarga de información.
Estamos sobrecargados con basura. El problema con Internet es que
cualquiera puede publicar, así que es difícil saber si es un hecho o
pseudohecho, ciencia o pseudociencia. Ese problema parece actual
pero en el ámbito de la experiencia humana, es tan constante y
seguro como la muerte y los impuestos. La explosión de la
información ha transformado el estudio académico y la innovación con
la creciente especialización y el trabajo en equipo. Hace mucho
tiempo podías ser biólogo. Ahora la acumulación de conocimiento es
tal que los biólogos, por ejemplo, deben especializarse en una
variedad de microdisciplinas como funciones celulares, genética y
biología evolutiva. A comienzos del siglo XX los hermanos Wright
inventaron el aeroplano; hoy en día, el diseño del motor de reacción
necesita 30 diferentes disciplinas que requieren una amplia gama de
equipos especializados.
Si la era de la
información hace que el conocimiento parezca un chaleco de fuerza,
a menudo el progreso depende de esos raros individuos que han
escapado de sus ataduras y abrieron su mente. Artistas como Picasso
y Bob Dylan, y empresarios como Bill Gates y Steve Jobs, cambiaron
al mundo al encontrar formas radicalmente nuevas de ver viejos
problemas. Cortaron con las cosas acumuladas, olvidaron lo que se
había hecho, para ver algo especial, algo nuevo. Einstein llevaba
gafas especiales para convertir todo lo que era irrelevante en
invisible.
Para muchos que no
comparten ese tipo de visión, la respuesta a la sobrecarga de
información es simple: sólo buscar, olvidar o repetir según sea
necesario. Los más ambiciosos de la gestión del conocimiento
encontrarán que la clave para el aprendizaje permanente es un
mediador humano, alguien que se ha involucrado en la antigua tarea
de la búsqueda y la clasificación del conocimiento
Exponerse a la creatividad.
Cuanto más se expone el cerebro a la creatividad, más vías para
crear aparecen. La clave es ser activo: cuando uno mira TV por horas
es pasivo pero cuando lee la actitud es activa.
Mirar la TV es como viajar en avión,
una vez que se sube no se puede bajar. Leer es como viajar en auto,
uno puede detener la marcha y reflexionar. Eso implica un
esfuerzo superior para el cerebro, genera nuevas ramificaciones y
hace que el cerebro se vuelva más plástico, es decir, que siga
teniendo capacidad de modificar sus circuitos y sus conexiones
neuronales
Los cerebros que se
mantienen más activos tienen más ramificaciones. Eso significa que,
en el caso de padecer después enfermedades como el Alzheimer, podrá
enfrentarlas mejor. Se llama ‘reserva cognitiva’ y se trata de
tenerla para el caso de necesidad. La clave es que sea un desafío,
porque cuando se hace lo mismo de siempre, el cerebro no se entrena
sino que automatiza y se reduce al nivel más bajo de funcionamiento.
Nuestro cerebro tiene dos
mecanismos muy eficientes para atenuar de forma progresiva la
respuesta de miedo y otras emociones negativas. El primero se llama
‘habituación’: cuando estamos expuestos en forma repetida a un
cierto estímulo de manera constante, nuestros sistemas neurales
tienden a atenuar la respuesta inicial hasta volverse tolerable
(como cuando entramos a una pileta fría y de a poco vamos
acostumbrándonos). Algo parecido ocurre con los miedos aprendidos.
Cuando nos exponemos a un estímulo temido y comprobamos que las
consecuencias que esperábamos no ocurren, comienza a debilitarse esa
conducta y a atenuarse la respuesta de estrés. Este proceso se llama
´extinción´.
En definitiva podemos
concordar con George Bernard Shaw cuando dijo: “El hombre
razonable se adapta al mundo; el irrazonable intenta adaptar el
mundo a sí mismo. Así pues, el progreso depende del hombre
irrazonable”.
* El doctor Horacio Krell es el CEO Ilvem. Dicta conferencias gratuitas sobre optimización de la inteligencia. Mail: horaciokrell@ilvem.com.
Ilvem es una entidad educativa cuya misión es el desarrollo de la mente humana en el marco de la teoría de las inteligencias múltiples (espiritual, emocional, intelectual, creativa, artística, estratégica, corporal, social, comercial, comunicacional y digital).
Informes en www.ilvem.com o al teléfono 48215411.
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