Hay una fuerza muy poderosa que en el mundo se conoce como
empowerment.
Es un poder interior con el cual se nace. Esta fuerza emprendedora
significa tomar conciencia y asumir la actitud necesaria para
superar los obstáculos. El poder inteligente es un querer con
eficacia y el principal bloqueo es no saber lo que se quiere. Por
eso la principal inteligencia es conocerse a sí mismo, la misión en
la vida y los métodos para realizarla. Lo métodos son la mayor
riqueza del hombre.
La resiliencia en física es la
característica del caucho o el resorte, de estirarse, contraerse y
recobrar su forma. Cuando la arenilla penetra en la ostra, ésta
segrega una sustancia y la convierte en perla. En el hombre
resiliencia es salir de la adversidad. El resiliente es el que
comprende
lo que le pasa, descubre
sus fortalezas, cree en un futuro mejor, construye redes de apoyo,
acepta metas desafiantes, confía en alcanzarlas, usa sus recursos y
tiene una estrategia. La ostra hace de la intrusa una parte de sí,
la adapta a su naturaleza. Una ostra que no fue herida no produce
perlas.
La capacidad de esforzarse para alcanzar metas
no es una cuestión genética. La experiencia y el esfuerzo son
indispensables pero no se trata de una habilidad. La fuerza de la
voluntad surge del compromiso claro con un propósito bien definido.
Creer que uno nació inteligente implica no valorar el aprendizaje.
Por el contrario los que aman y se comprometen con su misión valoran
más lo que hacen que el resultado. El potencial cerebral es
desconocido; por lo tanto, es imposible preverlo y lo mejor es
someterlo a desafíos. El éxito es hacer todo para mejorar y
aprender, y que el fracaso sea una alarma que motiva para volver a
intentarlo. El esfuerzo es necesario para dominar una habilidad y el
éxito de otros debe ser inspirador.
Henry Ford dijo:
“Si piensas que puedes o piensas que no puedes - tienes razón."
Las creencias influyen en los resultados que se logran.
Crossfit mental: cómo aprenden los innovadores.
Los que están en la cima
de la creatividad y la innovación precisan mantenerse actualizados y
motivados. Están siempre reaprendiendo a aprender. El crossfit
mental es una disciplina que nació en los gimnasios para combatir
los efectos negativos de la rutina. Parte del supuesto de que los
humanos se
hablan a sí mismos todo el tiempo y algunas veces lo hacen en voz
alta.
Hacerlo antes, durante el y después de un entrenamiento,
conscientemente, prepara y capacita el modo de pensar para
desarrollar hábitos positivos de rendimiento mental. El mayor
obstáculo es la mente.
El diálogo interno puede inhibir el rendimiento cuando los
pensamientos negativos aparecen. Si esto sucede
el
cuerpo comienza a sentir la fatiga. Por lo tanto, los atletas tienen
que prepararse para luchar activamente
y
responder a cada pensamiento negativo con una refutación positiva: ¿Por
qué estoy aquí hoy?
¿Qué
espero lograr? ¿Cómo voy a hacer de esto una experiencia
agradable?
La mente dirige al cuerpo.
El crossfit la estimula con principios: No vivas en tu zona de
confort, no temas al fracaso. Convierte tus debilidades en
fortalezas, no hagas solamente tus ejercicios favoritos o no tendrás
un buen balance general.
El crossfit se basa en el
incremento de las capacidades físicas más reconocidas en el deporte:
resistencia cardiorrespiratoria, muscular, fuerza, flexibilidad,
potencia, velocidad, coordinación, agilidad, equilibrio y precisión.
Incluye ejercicios de creatividad y resolución de problemas. Estas
habilidades se extrapolan a las capacidades cognitivas. Proponen un
'trabajo en equipo' entre varios músculos (en un gimnasio
tradicional se suele trabajar con uno solo). Y la capacidad de
combinar es clave en el portafolio de habilidades de quienes
trabajan en el mundo de las ideas.
La rutina es el enemigo.
Se trata de que los entrenamientos sean cortos e intensos. Se parece
mucho a la lista de tareas del día, que al principio parecen
imposibles pero que al final se logran con concentración, técnica,
curiosidad y ansias de superación. Se le presta menos atención a la
adquisición de conocimiento demasiado puntual, porque caduca muy
rápido. Contra la velocidad actual se intenta adquirir maestría, y
eso requiere disciplina. Hay que practicar y aplicar lo aprendido,
algo fundamental para la innovación. La diferencia entre los
conocimientos que caducan y adquirir la maestría parte de saber la
perfección nunca se alcanza, que uno es aprendiz de por vida. Hay
que medir y tener feedback todo el tiempo. La neuroplasticidad.
Es la capacidad de reformular los circuitos neuronales a lo largo de
la vida. Para que los cambios funcionen deben estar muy bien
planificados, para superar "la cordillera de la frustración que
surge luego de las primeras horas", y alcanzar a gozar la nueva
habilidad y se adquiera una determinada velocidad crucero, clave
para que el hábito se consolide y no se abandone. Primero hay
percibir el momento que estamos viviendo y aceptarlo (y hasta
disfrutarlo), porque lo más típico sería aferrarse a lo conocido.
Hay que poseer una personalidad abierta al cambio, ser naturalmente
curioso y humilde, para reconocer que nunca se sabe todo y que hay
que aprender todo el tiempo y adaptarse.
Para innovar hay que
reunirse siempre con gente interesante sin ningún objetivo en
particular; leer y escribir algo que algún día será un artículo o un
libro. Y en cada proyecto probar una técnica nueva para obtener
ideas frescas. Lo que es bueno para el cuerpo es bueno para la
mente:
Velocidad.
Los tiempos de los procesos académicos tradicionales muchas veces
llegan tarde. Los contenidos de hace 6 meses ya son viejos
Variedad.
Se terminó
la etapa de una carrera, una maestría o doctorado y trabajar con ese
título hasta jubilarse. Hoy el entorno exige un aprendizaje
permanente, que para volverse un hábito tiene que ser divertido, y
para entretener tiene que ser variado.
Intensidad
y compromiso.
La agenda
diaria a menudo hace que el espacio de aprendizaje sea lo primero
que se relega. Hay que evitarlo comprometiendo un tiempo semanal, y
sostenerlo a toda costa, tanto en el ejercicio mental como en el
ejercicio físico
Uso de
tecnología.
Escuchar
un podcast durante un viaje largo en auto o mientras se hace
deporte; o usar herramientas digitales para interactuar con personas
en búsqueda similares conocimientos, entre otras prácticas, hacen
que este proceso sea más productivo
Aplicabilidad.
Experimentar con lo que se aprende en la rutina diaria ayuda a fijar
los conocimientos y a crear nuevas conexiones. La "funcionalidad",
el usar varias habilidades cognitivas (o músculos) a la vez es el
nuevo mantra.
En tiempos en que se
augura el fin del empleo es muy fascinante resaltar el papel de la
innovación.
Neurorigidez.
Es la
tendencia natural a usar conexiones pre cableadas, es decir,
memorias. Pero sin hacer nuevas conexiones, no se aprende. Rigidez
es procesar los mismos pensamientos, realizar las mismas acciones,
así no es posible esperar que ocurra algo distinto.
Einstein definió la locura como el deseo de querer progresar pero
seguir haciendo lo mismo.
La mente
es el cerebro en movimiento, un producto de la actividad cerebral.
El lóbulo frontal del cerebro es la base de la voluntad y del
aprendizaje. Cuando el lóbulo frontal se concentra en un
pensamiento, este es más real que todo lo demás, porque se conecta
con todos los rincones del cerebro y puede acallar a las demás
partes. Así se puede modificar la conducta y combinar estas redes
para crear ideas.
Esta
práctica mental (denominada Fábrica de ideas) imagina en quién uno
desea convertirse, practica una acción antes de hacerla, supone una
habilidad como adquirida, reproduce un suceso a voluntad y al
hacerlo, consigue que se formen nuevos circuitos. Al principio las
otras neuronas dicen: empieza mañana. Al persistir, el nuevo
pensamiento se hace más fuerte. El proceso repetido con una férrea
intención, tarde o temprano se convertirá en una señal y el
circuito va a tener que cambiar.
Sólo hay
una cantidad fija del factor N de neurocrecimiento en el cerebro y
la conexión intensificada comienza a robarla a las otras conexiones
y se van despegando las sensaciones negativas. Hay ahora una sola
orden dirigida hacia el cuerpo. Podemos creer y crear el futuro sin
experimentarlo porque lo pensado ya está mapeado. Ahora el cerebro
no es un registro del pasado, sino una ruta hacia el porvenir. El
ambiente en el que se vive es una extensión de la mente. Cambiando
la mente la vida cambia.
Lo innato y lo adquirido. Los
lóbulos frontales completan su maduración con la mayoría de edad. La
forma de ver y actuar en el mundo, los proyectos, el desarrollo
personal, dependen de ellos. Son los pilares de la neuromodelación
consciente que dan el poder de planear el destino, como una vía de
escape al condicionamiento que los genes imponen. Permiten seguir o
cambiar lo que ya no se desea, o crear nuevas redes para que los
proyectos puedan concretarse. Los ejercicios físicos preservan la
salud cardiovascular, los cognitivos preservan la mental. Usamos más
el hemisferio izquierdo que automatiza las respuestas, eso que
llamamos experiencia. El que aprende lo nuevo es el derecho y lo
delega en el izquierdo que así adquiere la capacidad para reconocer.
Si por rutina o comodidad perdemos la curiosidad el cerebro se
detiene. Desarrollo no es cuánto crecimos o cuánto tenemos, sino lo
que hacemos con eso. La gimnasia mental neuróbica relaciona
conocimiento, imaginación y actividad.
Concentrar la energía en el cambio. Cotejar
lo nuevo con lo viejo activa la corteza frontal. El hábito exige
menos, por la comodidad que brinda al repetirse. La resistencia al
cambio proviene de evitar el esfuerzo intelectual. La zona frontal
se conecta con el circuito del temor, un cambio importante se lleva
la energía. Para evitar que triunfe la rutina hay que generar nuevas
rutas. La Neuroplasticidad permite auto formatearse.
Para
incentivar el cambio hay que llamar la atención con propuestas
sugestivas, que el cerebro cree soluciones sin que le sean
impuestas. No existe segunda oportunidad para la primera impresión.
El momento crucial para entender es interno. Para lograrlo la idea
debe ser presentada en un formato original y frecuente para que
evite repetir el pasado. La fortaleza de la mente aumenta cuando hay
pasión por una meta.
Neuroeducación. La
inteligencia apuesta por un mundo mejor. Hasta hace poco se creía
que era sinónimo de coeficiente intelectual. Cicerón adoptó el
término para referirse a la capacidad intelectual. En el siglo xx
se postuló la existencia de inteligencias múltiples. Goleman
popularizó la inteligencia emocional que es propia de quién sabe
administrar sentimientos propios y ajenos, tiene motivación,
confianza, creatividad, perseverancia y control de los impulsos. La
voluntad ordena, moviliza e invita a sostener un proyecto personal,
el verdadero sentido de la vida.
En este amplio espectro de lo que se considera ser inteligente, se
puede identificar un coeficiente racional y lógico (CI) en
convergencia con otros. La definición de inteligencia varía desde la
flexibilidad para generar ideas, resolver problemas o adaptarse a
situaciones nuevas. Algunos miden el pensamiento abstracto; otros la
habilidad para aprender. Spearman a principios de siglo propuso la
existencia del factor G o inteligencia general que permite tener
éxito en tareas cognitivas. Thomson dijo que la aptitud única es una
colección de habilidades que Gardner llamó inteligencias múltiples,
habilidades que difieren de la “inteligencia general”. El
humor, la sensibilidad, la ironía y la creatividad no integraban los
tests clásicos. Se puede ser inteligente sin demasiada educación
formal. La “inteligencia fluida” resuelve problemas, con
cierta independencia del conocimiento.
Hay que
descorrer el velo que impide conectarse con la vocación, lo que los
griegos llamaban “conócete a ti mismo”. Muchos se desvían y surge la
insatisfacción. Ir contra natura afecta
la salud física y mental.
La
inteligencia vocacional es la madre de las inteligencias
complementarias.
El lóbulo
frontal derecho crea las ideas, el izquierdo analiza, encuentra
errores, fija prioridades, elige las mejores soluciones. El lóbulo
posterior basal izquierdo es sensorial, se
especializa en secuencias, rutinas, reglas, es objetivo y poco
emocional, trabaja con las cosas como son. El posterior derecho o
sentimental coordina
lo que ve con lo que siente creando la armonía y la paz,
privilegiando a las personas.
Cada
persona tiene un tipo dominante, el error es desviarlo, no ser
auténtico, acomodarse. Sin embargo el que no hace lo que le gusta
puede acomodar la percepción para que le guste lo que hace. Usar la
brújula interior es 100 veces más efectivo que entrenarse para hacer
lo que disgusta. El ideal es combinar las fortalezas y compensar
debilidades asociándose con cerebros complementarios. Es la esencia
del trabajo en equipo. Descubrirse a sí mismo es una tarea compleja
porque el sistema educativo da prioridad a la socialización y hace
perder potencia. Un sujeto insatisfecho perjudica al tejido social.
La educación al tratar a todos por igual no desarrolla al genio que
llevamos dentro. Los equipos de alta performance nuclean diversidad
y competencia. Reúnen al inventor de las ideas, al innovador que las
produce, al estabilizador que genera la rutina y al armonizador que
las conecta con el mercado. El neuroliderazgo aplica la neurociencia
a las dos caras de la inteligencia emocional, la inteligencia
personal y la social. Como el futuro no existe, podemos inventarlo.
Para crear redes neuronales, como rutas efectivas hacia el éxito
conviene recordar a Séneca que decía “No
existen vientos favorables para el que no sabe a dónde quiere
llegar”.
Ilvem es una entidad educativa cuya misión es el desarrollo de la
mente humana en el marco de la teoría de las inteligencias múltiples
(espiritual, emocional, intelectual, creativa, artística,
estratégica, corporal, social, comercial, comunicacional y digital).
Informes en
www.ilvem.com o al teléfono
48215411.
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