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La
ecuación hombre=tiempo ya no cierra. Eficiencia es hacer las cosas
bien, eficacia es hacer lo correcto. El economista Wilfred Pareto
descubrió que el 20% de las cosas que hacemos producen el 80% de
los resultados. Pero la vida moderna nos lleva a tener urgencias y
tensiones, a no saber por dónde empezar y a tener un vacío de ideas
que nos aleja cada vez más de la eficacia.
Hay
frases
como “lo bueno viene en frasco chico” o “lo bueno, si
breve, dos veces bueno” que reflejan la crisis actual de escasez
de tiempo. Muchos creen que el
día debería tener más de 24 horas. Hoy que todos tienen reloj y
nadie tiene tiempo,
tenerlo es un bien de lujo:
“time is money” si se sabe aprovechar.
Sócrates decía que “los ratos de ocio son las mejores
adquisiciones”.
Hoy
que el tiempo libre vale tanto hay que aprender a administrarlo
productivamente.
Que el tiempo alcance se
torna imposible porque se vive a un ritmo vertiginoso en una
sociedad de consumo que ofrece continuamente novedades que tientan a
trabajar más para tener más cosas. Por eso aparecen soluciones
como cursos, aplicaciones
y tecnologías para lograr un mejor manejo.
No
se puede hacer crecer el tiempo.
El día tiene 24 horas y eso no se puede estirar, la solución es
aumentar la capacidad para administrar el tiempo, porque sí se
puede malgastar
Por
otro lado hay un cambio en el estilo de vida. Antes la rutina era ir
“de casa al trabajo y del trabajo a la casa”, la nueva agenda
incluye deporte, entretenimiento, familia, vida social, etc.
Lo
más importante es encontrarle sentido a la vida para orientar lo que
se hace en esa dirección.
Tendencia al bienestar.
La gente quiere sentirse bien, tener experiencias nuevas y dedicarle
más tiempo a la familia, a sus hobbies, pasiones e
intereses. A veces resignan dinero por tomar un trabajo que esté
cerca de casa y con ello ganar ese tiempo que les permita vivir
mejor.
Las nuevas tecnologías
agilizan trámites y tareas que antes se hacían personalmente. El
mail, el homebanking, el celular o whatsapp, son herramientas que
permiten ahorrar tiempo.
El
lado oscuro de la tecnología.
El avance tecnológico genera
sobrecarga de información
que termina lentificando el resultado que se pretende
acelerar. Las redes sociales llevan a una actividad improductiva que
roba muchas horas e impide concentrarse. La creencia de que ya habrá
tiempo para hacer lo demás lleva a procrastinar, que es dejar para
mañana lo que se debería hacer hoy
La desorganización al
gestionar el tiempo puede generar angustia y frustración ante la
sensación de no llegar a hacer todo. Y si el tiempo no alcanza se
incumplen compromisos y se pierde prestigio.
La
dieta del tiempo.
Primero hay que tomar conciencia del problema, indagar las causas y
separar lo urgente de lo importante. Los ladrones de tiempo son
generalmente ladrones internos disfrazados por nuestras creencias y
actitudes.
La administración
estratégica del tiempo implica interrogarse: ¿dónde estaba? ¿dónde
estoy?¿dónde quiero estar? ¿cómo haré para conseguirlo? La clave
está en saber lo que se quiere, en no planificar mecánicamente desde
los recursos y calcular resultados.
Es mejor partir
del futuro deseado y retroceder hasta el presente. Si la guía es el
pasado se repite la rutina. Para inventar el futuro, hay que ver
el final de la
película que se desea realizar.
Ladrones del tiempo.
Si bien muchos ladrones son externos, el manejo del tiempo es algo
individual. Un test demuestra cuáles son los hábitos improductivos.
Primero hay que
identificar y medir las rutinas diarias, lo que no
se mide no se puede mejorar. Las rutinas van ordenando la vida,
primero creamos un hábito y luego el hábito nos dirige sin que nos
demos cuenta. Ser consciente del mecanismo permite evaluarlo,
jerarquizar las tareas y darles el timing que corresponda.
¿Cuál es la prioridad?:
¿la familia, el trabajo, la facultad? ¿Qué tiempo se dedica a cada
uno?
Viviendo a ritmo acelerado
uno se acostumbra a vivir mal, con interrupciones que se van
comiendo el día. Ser consciente de en qué se gasta permite elegir:
por la repetición o por el cambio.
Planear.
Ser vulnerable a las interrupciones se debe a no saber planificar
bien. Y el que falla al planear planea fracasar. Querer
concentrarse sin saber en qué, termina en perder el tiempo.
Pomodoro
es método para dividir el tiempo en intervalos de 25 minutos
separados por pausas. Durante esos minutos hay que concentrarse en
hacer una sola cosa. Luego viene el relax (salir a caminar o
relajarse). Es notable lo que se gana haciendo una sola cosa a la
vez. Un aliado puede ser el celular, con ayuda de las aplicaciones
se lo configura con los lapsos que estipula la técnica.
Multitarea.
El método también favorece el mantener el foco en una actividad y no
caer en el cuestionado multitasking. La
capacidad de hacer muchas cosas al mismo tiempo ya no es muy
apreciada en el mundo laboral.
Es mejor la calidad que la
cantidad.
Rendimientos
decrecientes.
Si se habla por teléfono mientras se responde un mail y, a la vez,
se hacen otras tareas, hay un alto porcentaje de error en el
procesamiento cerebral, que va agotando la capacidad mental. Es
preferible hacer las cosas por separado. De lo contrario, es camino
seguro al síndrome de
burn-out o del cerebro quemado. La frase de
Sarmiento “la letra con sangre entra”, no es un buen ejemplo
de lo que debería ser. Hay métodos facilitadores de la acción.
La ley de Pareto.
Otra forma de administrar correctamente el tiempo es detectar qué
asuntos son relevantes y cuáles no. A veces hay
cosas que sí son urgentes porque tienen que terminarse para una
fecha, pero eso no quiere decir que sean importantes. Hay tareas que
no tienen “fecha de vencimiento”, pero que son importantes. Para no
caer en rutinas
improductivas,
conviene revisar los procesos
y los
objetivos para
“corregirlos” y evitar pérdidas de tiempo y energía.
Al maestro
que le gustaba enseñar, de pronto, con el tiempo, dedica su tiempo a
corregir deberes.
Pensar por objetivos.
Es considerar en el futuro qué metas se quieren alcanzar y
clarificar qué dónde poner el foco. Saber adónde ir y cuál es la
prioridad ayuda a elegir qué cosas hacer y cuáles no. Como dijo
Séneca: “no hay vientos favorables para el que no sabe a dónde
quiere llegar”.
Aprender a
decirle que no. Tener identificado el objetivo
permite priorizar lo que está pendiente. Conocer las “tareas de
hoy” desde la primera hora ayuda a organizar mejor cada jornada.
Puede ser una agenda compartida con otras personas para evitar que
molesten a los que están ocupados.
La metodología Kanban,
está ganando popularidad. Es un tablero que divide las tareas
pendientes de las que están en curso y de las ya finalizadas. Este
recurso, que tiene sus aplicaciones online, puede complejizarse
agregando fases del ciclo de producción o midiendo tiempo.
Así en lo virtual como en
lo real. Cuando
el lugar de trabajo es un desorden, eso será lo que pase en la
mente. Ser prolijo ahorra
tiempo. Para
construir una vida con sentido, plena, con bienestar y a gusto, es
necesario gestionar bien el tiempo. Ningún beneficio se obtiene en
medio del caos.
El
tiempo vuela.
Los enemigos de la eficacia son
el largo plazo que media entre el
acto y el efecto, los cambios abruptos en la realidad y las
creencias estereotipadas. La brecha entre sueño y realidad se reduce
cuando se reflexiona sobre la acción. La
ley de Murphy afirma
que lo que lo que puede salir mal va a salir mal, para
evitarlo hay que ser cuidadoso en los detalles. Los objetivos deben
ser realistas. Dijo Keynes que a largo plazo estaremos todos
muertos.
Nuestro reloj interno se equivoca. Con los años creemos que el
tiempo va más rápido que el reloj.
Resumen de hábitos
productivos.
Hacer una lista con los pendientes del día “a realizar”, “en curso”
y “finalizados”. Distinguir lo importante de lo urgente, no todo lo
urgente es importante.
Aprender a decir que no. Eso evita una agenda repleta de temas que
no suma valor. Mantener limpio y ordenado el espacio laboral.
Ser meticuloso en esto es esencial. Delegar tareas que podrían
hacer otros para dedicarse a lo más importante. Crear bloques de
tiempo. Intercalar períodos de trabajo con otros de relax. Las
acciones que llevan menos de un minuto conviene hacerlas en el
momento: pequeñas acciones resueltas en el acto hacen una gran
diferencia al final del día. Es clave mantener el foco y hacer una
actividad a la vez. Revisar los procesos periódicamente.
Aprovechar los tiempos muertos.
Aprender de la
acción. ¿Qué debía haber ocurrido y qué pasó? ¿Cuál es la causa de
la diferencia? Si el error no se analiza, el olvido impide aprender
de la experiencia. La reflexión es parte del trabajo, no se puede
vivir sin aprender, sin seleccionar lo bueno y eliminar la basura
porque si queda se refleja en los actos. La reflexión implica
concentración, no divagar por estímulos e ideas parásitas. Un yo
observador interno debe alertar. Hay métodos para saber qué cambiar,
qué mantener y cómo inyectar conocimientos. Nada surge de la nada,
hay que modificar la memoria para que mejore la conducta.
Si la educación no enseña a
pensar produce incompetentes altamente calificados.
Las buenas ideas surgen de quienes conviven con el problema, el
liderazgo debe promover la optimización del uso del conocimiento.
Lectura rápida.
Un
mapa mental combina el libre juego del texto con la imagen, está
menos atado a la secuencia. Plasma una idea central y teje una red
de relaciones. Su flexibilidad permite incorporar novedades y
vínculos, favorece la generación de las ideas. Borges decía que
somos lo que somos por lo que leemos, pero hoy no hay tiempo. El
mapa mental es una imagen que vale por mil palabras. Así logramos
el poder inteligente que es querer con eficacia.
La
gestión del tiempo debe equilibrar la vida laboral y personal.
Necesitamos pausas, realizar actividades de alto rendimiento,
descubrir lo que nos hace perder el tiempo, anticiparnos para
evitar sorpresas, repartir la tareas, repensar la rutina,
delegar, aprender a decir no, desintoxicarnos de datos y reuniones,
centrarnos en objetivos claros y considerar la importancia del
autoconocimiento.
Curso acelerado de gestión
del tiempo. El
primer paso es tener in mente el objetivo. El segundo es trazar el
plan y controlar su ejecución por si se aleja del objetivo. El
tercer punto es tener creatividad y flexibilidad para variar el plan
cuando la realidad demuestra que algo falla.
El
poder inteligente es querer con eficacia, es el que le brinda
inteligencia a la pasión. El poder inteligente -smart power-
reúne el poder duro –hard power- que predomina en el
hemisferio izquierdo del cerebro y el soft power del hemisferio
derecho. El ganador de tiempo examina si lo que hace lo apasiona o
si la burocracia domina su cerebro. Para conseguirlo debe aprender
métodos de excelencia. Como dijo Nietzche “los métodos son la
mayor riqueza del hombre”
El efecto
palanca.
Arquímedes dijo “dadme una
palanca y un punto de apoyo y moveré el mundo”. Cuando se
aplica en un punto de apoyo, transmite y multiplica la fuerza.
El entusiasmo se justifica: no importa el peso, basta con alargar
el brazo. La computadora es la palanca natural del cerebro.
El efecto
se potencia al elegir bien las prioridades y asignar correctamente
los recursos.
Ser
socio de
los mejores ahorra el esfuerzo que ellos hicieron para conseguirlo y
esa palanca potencia el rendimiento. Por el contrario, el que tiene
mentalidad del bombero corre todo el día y no consigue nada. Los
mejores jugadores son los que paran la pelota.
La
eficacia no se puede suplir con eficiencia. El efecto
palanca es obtener lo máximo con el menor esfuerzo posible.
Vísteme despacio que estoy apurado”,
dijo Napoleón. Los franceses trabajan menos y producen más y mejor
porque tienen tiempo para retomar los valores esenciales de familia,
amistad, tiempo libre, elegir el presente concreto al global
abstracto y anónimo, la simpleza de vivir, convivir en un ambiente
alegre y realizar lo que saben hacer. Los que corren mucho terminan
en el mismo lugar, mueren por infarto o accidentes y se olvidan de
vivir el único tiempo real que es el presente.
Slow down.
Todo
invita a vivir acelerados. Las marcas presentan su temporada de
invierno en verano. Se trabaja 24 horas para fomentar el consumo.
Prolifera la obesidad, el estrés, la angustia por posponer el
placer. Desacelerarse es luchar contra la tiranía del reloj, vivir
con modestia, pensar con grandeza consumir menos, tomar conciencia
que los horarios extremos amenazan la salud, la familia y las
relaciones. Así se consigue más eficacia, compromiso y calidad de la
vida. Lo mejor es trabajar por objetivos y no por horarios. Vivimos
700.800 horas en la vida y 70.000 las ocupamos trabajando. No hay
tiempo que perder, usemos las 630.800 horas libres para ganar
felicidad.
Educar la mente.
Vivir a mil desconecta los sentidos de
la conciencia, la tensión mata, la creatividad muere. Educar para la
fast life hace correr a velocidades imposibles sin métodos
facilitadores de la acción. Quienes aprenden a administrar el tiempo
construyen desde una capacidad plena. Se debe educar el sentido
común: valorizar la lectura, caminar más, cocinar una receta
completa, relatar cuentos a los hijos, practicar deportes, pasar más
tiempo con amigos, crear ideas. Como dijo John Lennon, “la
vida es lo que nos pasa mientras seguimos haciendo planes”.
ILVEM te invita a asistir a una clase demostrativa GRATUITA para comprobar la eficacia del método.
*CEO de Ilvem. Mail de contacto: horaciokrell@ilvem.com.
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