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Justina Lo Cane tenía 12 años y
murió en noviembre de 2017 esperando un trasplante de corazón.
Ahora sus padres lograron cumplir el sueño que ella tuvo antes de
morir. El Senado aprobó el 4/7/ 2018 una ley para simplificar la
donación de órganos. Toda persona mayor de edad será donante salvo
que exprese su voluntad en contrario antes de morir. El proyecto
tenía la aprobación del Senado y se convirtió en ley por unanimidad
en la Cámara de Diputados.
Según datos del Instituto
Coordinador (INCUCAI) de las 7.700 personas que esperan por un
trasplante en Argentina, 250 son niños. Con esta ley serán donantes
todas las personas mayores de edad y producirá un cambio de
paradigma, ya que todos se convertirán en portadores para poder
evitar una muerte innecesaria por no recibir un órgano, un tejido o
una célula.
Ezequiel
Lo Cane, el padre de Justina, reveló la trama que la llevó a la
muerte. Desde temprana edad, Justina
tuvo una cardiopatía que se fue
agravando con los años. El
7/9 /17 entró a la Fundación Favaloro. Dos
días después sus órganos se descompensaron y fue conectada a un ECMO
-soporte cardíaco y respiratorio- mientras esperaba un corazón. En
ese entonces, su familia y amigos, iniciaron la campaña nacional “Multiplicate
por 7”. A través de ella trataban de concientizar sobre la
importancia de la donación. El tiempo pasó y el corazón nunca
llegó.
La mañana del 22
de noviembre Justina falleció. Pese
a la tristeza, se rescató el hecho de que el caso impulsó a miles de
personas a inscribirse en el registro de donantes.
Justina estuvo primera en la
lista de urgencias, pero el corazón compatible nunca llegó.
Su familia había iniciado en
las redes sociales una campaña para pedir por un corazón, pero
también con la intención de generar conciencia sobre la problemática
en toda la sociedad.
La
campaña surtió efecto y los padres de Abril Bogado, una nena de 12
años que fue asesinada, decidieron donar el órgano. Pero el corazón
de la nena no fue compatible y no pudo hacerse el trasplante. No fue
el único intento infructuoso. Hubo al menos otros 10, pero en
algunos casos la incompatibilidad, y en otros, complicaciones de
otra índole, no permitieron avanzar.
El caso Justina impulsó un
proyecto de reforma de la Ley de Trasplantes a partir del cual,
todos los ciudadanos argentinos mayores de 18 años se convertirían
en donantes, salvo que hubieran dejado su expresa negación y la Ley
Justina fue aprobada.
Después de un primer abrazo, la charla entre la familia de Brisa (la
niña que salvo su vida por un trasplante) y la de Justina fluye
naturalmente. Y lo que llama la atención son los puntos de contacto.
¿Brisa, a vos qué es lo que más te gusta hacer?”, pregunta Ezequiel.
“Le encanta bailar”, responde la mamá. ¿En serio? Justina baila de
todo, menos tango, baila cualquier cosa. Le encanta hacer
coreografías y cuenta que cada vez que Justina grababa videos
bailando su hermano Ceferino, de 8 años, siempre aparecía en el
medio. Él es el que más extraña a Justina y ha llorado porque
extraña a su hermana. Cipriano, de 6, lleva la situación de otro
modo. Está más sensible, más demandante de besos y abrazos. Cuando
les contaron a los hermanos de Justina que ella tenía que quedar
internada a la espera de un corazón, Cipriano tuvo un solo pedido.
Con sus seis años, les dijo a sus papás: “Yo lo único que voy a
decir es que yo quiero estar en la operación cuando le cambien el
corazón a Justina”.
El qué y el cómo. Dicen
los papás que en estos casos, la clave no está en el qué, si no, en
el cómo. Por eso, después de varias consultas, encontraron una
cardióloga excelente en lo humano, y eso tuvo mucho valor. Con
Justina siempre hablaron abiertamente sobre lo que pasaba. El tema
es cómo se lo decís, no qué le decís. Ezequiel recuerda cuando la
cardióloga les informó que ya no quedaba más opción que el
trasplante: Primero pidió que Justina saliera y nos lo dijo.
Después, se lo dijimos. Justina empezó a hacer preguntas, a tratar
de entender qué riesgos había. Si le iban a cambiar el corazón,
cuánto tiempo iba a tener que esperar, si le iba a doler, si le
podía pasar algo. Le fuimos respondiendo todas sus preguntas,
contando que podía haber complicaciones que se iban a ir tratando.
Fue preguntando hasta que se animó a hacer la pregunta clave: ‘¿Me
voy a morir?’. Le respondimos que vamos hacer todo lo posible para
que eso no pase. Después se fue la médica y a solas con su mamá y
conmigo sacó toda su angustia.
Miriam, la mamá de Brisa les contó la historia del donante, una
historia con la que pueden identificarse los que dudan a la hora de
pensar en la donación de órganos. Nosotros conocimos al papá que
donó los órganos de su hijo. Al principio no quería donar. Habían
tenido un accidente de autos, y el nene, que tenía 11 años, tuvo
muerte cerebral. Cuando le plantearon la posibilidad de donar la
mamá quería, pero el padre no. Preguntaba a quién iban a ir los
órganos de su hijo si los donaba y al final firmó. Actualmente,
añade Miriam, el papá de “Marquitos, nuestro ángel donante” está
“feliz, dentro de su dolor. Pero está feliz de verla a ella. Cuando
ella tuvo un problemita, después del trasplante, él venía y me daba
ánimo a mí, me decía, ‘ella va a salir adelante porque tiene el
corazón de mi hijo’”.
Se concreta el sueño. Paola, la madre
de Justina, celebró la aprobación
por unanimidad en Diputados de la Ley Justina. Siento
mucha emoción, pero también mucha angustia, dijo. Después
de un día agotador, y cansados, piensa que valió
la pena. Es gratificante, en el dolor incluso, que
haya sido mi hija la que inició todo esto. Me
voy llena de felicidad porque era lo que ella quería. Yo
sé que ella me abraza y me dice ‘lo logré mamá’. Es lamentable que
alguien tenga que morir para que una sociedad se despierte, pero es
así, afirmó. Justina le dijo a su papá antes de morir: “Hagamos
algo, no solo por mí, ayudemos a todos los que podamos”.
Para Paola, una madre
fuerte, valiente y positiva, el proceso fue angustiante. Pero
también fue un caminar hacia una nueva apertura espiritual y siempre
sintiendo que su hija no había muerto: Justina se había
transformado. Ella vino por algo. Vino para salvar a muchos otros, a
darnos una hermosa lección a los que quedamos acá: la vida puede ser
fácil y es una sola, hay que vivir con alegría y rodeados de amor.
Hacer por los demás, hacer por uno mismo; que de nada vale penar en
la vida, tenemos que tratar de ser felices", dijo conmovida.
La reglamentación de la ley. El
hecho de que todos sean donantes salvo
que expresen lo contrario, saldrá bien según cómo se haga. Puede o
no tener efectividad. Depende de cómo se formule la pregunta, de qué
manera se interprete. Porque la
falta donantes es proporcional a los prejuicios. Tiene
que decidir la familia y en general deciden que no. Piensan que los
médicos no van a intentar salvarlos. Creen que se puede buscar
matar a la gente por los órganos, pero es imposible, porque no hay
garantía de que esos órganos sean compatibles. Se
precisa que la ley se reglamente rápido. INCUCAI
es un organismo serio pero a veces tarda demasiado. Debería
adaptarse para que todos tomen conciencia de lo que significa donar
un órgano a tiempo.
En las
redes sociales la discusión se intensificó entre quienes afirman que
es un
atropello por parte del Estado sobre
el cuerpo de las personas, y los que sostienen que quienes no
quieran ser donantes sólo
deben registrar su voluntad en contrario. Las
familias tienen un rol importante en la donación de órganos: el 40%
de los potenciales donantes se pierden por oposición de sus
familiares. La pregunta es si
estamos preparados para una figura de donante presunto,
en la que si una persona no expresó su negativa a ser donante,
automáticamente pasa a serlo.
El
titular del INCUCAI, Alberto Maceira, afirmó tras la sanción de la
ley en el Congreso que “nadie va a ir en contra de la familia, no
nos podemos pelear”. Aunque sí se quitó de la nueva norma la
necesidad de que la familia firme un testimonio sobre la voluntad
del fallecido. Según el titular del INCUCAI, es para agilizar los
procesos. Quedará
para la reglamentación definir qué lugar tendrá la familia. Un
trabajo realizado en siete unidades de terapia intensiva pediátrica
de la Argentina, que buscó determinar la proporción de trasplantes
efectivos sobre el total de potenciales donantes, encontró que la
negativa familiar fue motivo de rechazo en el 40% de los casos.
Si bien en ese trabajo no se analizaron las causas de la negativa,
refleja una falta de concientización y educación en la sociedad y
obliga a unificar esfuerzos a fin de revertir esta tendencia. En
esta ley, el consentimiento de los padres de menores, seguirá siendo
necesario.
Lo negativo es que no se
respeta la autonomía progresiva de los menores. La Ley Justina dice
que sólo los mayores de 18 años pueden expresar su voluntad de donar
o no los órganos. Todos los menores de 18 quedan a criterio de los
padres. El nuevo Código Civil y Comercial establece que un chico de
16 años es equivalente a un adulto en cuanto a decidir sobre
tratamientos vitales e invasivos. ¿Por qué no podrían manifestarse
sobre la donación de órganos?
Un buen registro.
La clave sestará en la
creación de un buen registro, que
sea de fácil acceso, tanto para quienes quieren inscribirse como
para los servicios de salud que necesiten acceder para saber si un
pacientes es o no donante. Si ahora se presume la donación, debería
haber más canales para poder expresar la negativa. Si no, hay un
grupo cautivo que no va a tener la libertad de expresarse. Son
personas que viven lejos, que no tienen acceso a medios de
comunicación, incluso personas que por cuestiones culturales, una
donación de órganos iría contra sus creencias. Todos estos temas se
deben tener en cuenta en la discusión por la reglamentación.
Voluntad u obligación.
En una lista, abierta en 2006 por el INCUCAI, 1.058.578
de personas se anotaron para no donar sus órganos y
otras 3 millones para cederlos, según le informó el Ministerio de
Salud. El motivo por el cual las personas se niegan a donar órganos
es la falta de información y educación. Una duda es qué va a pasar
con el órgano una vez que se retira del paciente con muerte
cerebral, si se vende, si hay de alguna mano negra, lo que es
imposible.
Otro de los mitos es que la
persona no ha muerto, debido a que sus funciones vitales se
mantienen con maquinaria médica. El diagnóstico de fallecimiento
debe llevarse a cabo de una manera cuidadosa y sistematizada, en una
fase en la que el interés no es la procuración de órganos sino la
preservación de la vida. Lo primero es hacer una exploración física
de los reflejos neurológicos del talle encefálico, que son la
respuesta pupilar, el movimiento de ojos, la estimulación auditiva,
el reflejo nauseoso y los movimientos organizados. Una vez que se
confirma la muerte se realiza un certificado de pérdida de la vida,
una etapa en la que el médico ya considera la donación. Otra
negativa a la donación se da porque la familia cree que al retirar
un órgano el cuerpo estará mutilado, de manera que no podrán
velarlo. La población en general necesita acercarse al personal
médico para pedir mayor información y darle la oportunidad a sus
seres queridos de trascender después de la muerte, al darle vida a
otra persona.
Que haya sido necesaria la trágica muerte de Justina para que el
Congreso convierta en ley el proyecto de donación de órganos señala
la inconsistencia del sistema de justicia y la falta de una
educación de las personas para tratar temas que son vitales para la
sociedad. ¿Cuántas leyes que son vitales para el desarrollo
económico y social del país están alejadas del tratamiento
parlamentario? ¿Cuánto del deterioro de un país tan rico en recursos
naturales, convertido en una maquinaria para fabricar pobres, se
esconde detrás de la incapacidad de los gobiernos
para llevar a la sociedad por la senda del crecimiento y de la
igualdad?
Imperios del conocimiento e Imperios de la mente.
Hay un abismo entre el avance tecnológico y el progreso humano. La
tecnología subió por el ascensor y el hombre por la escalera. Se
confundió información con el conocimiento y el conocimiento con la
sabiduría.
Un cerebro educado sabe reaccionar con
inteligencia y crear escenarios con opciones y sus resultados
probables. Eso hace posible la idea de que podemos crear nuestro
propio futuro. Sin embargo vivimos saltando de una crisis a otra.
Pese que existe la sociedad del conocimiento la situación de
incertidumbre llevó a Elliot
preguntarse: ¿dónde está la sabiduría que se perdió con el
conocimiento? y ¿dónde está el conocimiento que se perdió con la
información?
La sabiduría es el arte de
vivir, la actitud que caracteriza a los sabios. Pero los sabios
surgen en sociedades sabias, en la conexión necesaria entre la
inteligencia individual y la social.
Pero hoy no se enseña filosofía,
literatura o historia. Aristóteles, aprendió de todo y todo le
interesó. Fue reconocido como el hombre más sabio de su tiempo. La
educación no sabe despertar intereses diversos porque hoy los
jóvenes tecnológicos creen que lo saben todo.
¿Para qué sirve saber? Sirve
para desarrollar “el arte de vivir”.
Las ciencias son el
perfeccionamiento del sentido común, brindan la noción del orden
natural para comprender y gobernar el mundo, cambiar la superstición
por explicaciones demostradas, disciplinar la inteligencia
y estimular la creatividad. La tecnología le da poder al hombre sin
modificar su esencia espiritual. Le da poder, pero no lo
transforma.
La educación debería desarrollar
la asociación estratégica entre el espíritu humano, la tecnología y
una ética para el futuro; es su asignatura pendiente para que las
aptitudes sirvan al individuo y a la sociedad. Esto demanda crear
mentes rigurosas, inteligentes, creativas, independientes,
ordenadas, laboriosas, tranquilas y concentradas; un ambiente
estimulante, maestros capaces, recursos disponibles y corrupción
cero. Las mentes sabias no surgen por milagro o heroísmo. Los
grandes hombres fueron cultos y especializados en un arte o
ciencia.
Einstein lo dijo: “Todos
los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento, y
solamente serán exitosos los pueblos que entiendan cómo generar
conocimientos y cómo protegerlos; cómo buscar a los jóvenes que
tengan la capacidad para hacerlo y asegurarse que se queden en el
país. Los otros países se quedarán con litorales hermosos, con
iglesias, minas, con una historia fantástica; pero probablemente no
se queden ni con las mismas banderas, ni con las mismas fronteras,
ni mucho menos con un éxito económico”.
*Director de Ilvem, mail de contacto horaciokrell@ilvem.com.
*CEO de Ilvem. Mail de contacto: horaciokrell@ilvem.com.
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