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El guardapolvo blanco
simboliza una época, en la cual ese
signo ocultaba las diferencias sociales de origen, ubicando a todos
los niños en pie de igualdad. Detrás del
guardapolvo estaban el hijo del rico o del pobre. Fue el símbolo de
la educación pública y gratuita.
Sarmiento creía que, para “educar
al soberano”, la clave era que los chicos fueran
a la escuela. La ley de la educación laica, gratuita y obligatoria
promulgada en 1884 prohibió el uniforme escolar. En
1942 el uso del guardapolvo blanco se hizo obligatorio. En 1966 un
programa de TV hizo popular la expresión “blancas
palomitas”. La costumbre persiste pero la escuela privada sugiere
usar la indumentaria del colegio. Y la educación
no cumple con sus metas: distribuir un conocimiento de calidad y
cohesionar a la sociedad a través de la inclusión social.
En Facundo,
Civilización o barbarie Sarmiento anunció
el conflicto que hoy continúa. Si
bien tenemos a acceso a la tecnología, ella se vuelve en contra como
en la tragedia de Nueva Zelandia. Suelen potenciar las tendencias
destructivas ante la complejidad creciente del planeta por fenómenos
locales y globales y por una población que crece y busca el modo de
sobrevivir. La adaptación a los desafíos requiere un cambio pero la
educación no es una preocupación mayoritaria. Para Sarmiento el
problema de la educación es que el que no la tiene no la reclama,
porque desconoce su valor. Su demanda es inversamente proporcional a
su necesidad.
Educación, política de estado.
Los cerebros nacen iguales, la diferencia es la educación que
reciben. Comparemos la educación
entre Finlandia, Japón y Argentina. No conocer la causa de un
problema es su causa principal. Si un país rico como Argentina
fracasó, conviene compararlo con los triunfadores. El estudio Pisa
de OCDE mide el rendimiento de los estudiantes de 15 años en
ciencia, matemática y lectura ¿Cómo hizo Argentina para estar entre
los últimos?
En economía hay países con pocos
recursos que se convirten en potencias. Argentina, potencia de los
años 20 del siglo XX, es hoy una fábrica de pobres. Finlandia hace
15 años cambió de rumbo haciendo de la educación su política de
estado. Ahora para ser maestro hay que tener título universitario,
para estudiar no hay que ser rico, hay igualdad de oportunidades.
Japón fue destruido en la 2da guerra mundial pero estudió cómo se
fabricaban los productos en el mundo, los mejoraron y redujeron sus
costos. Así transformaron una isla sin recursos en la factoría de
productos elaborados más grande del mundo. La cultura del ejemplo es
la mejor escuela, si todos progresan, se instala en la sociedad un
círculo virtuoso de desarrollo. El
desarrollo no existe sin capital social, no es lo que tenemos sino
lo que hacemos con eso. Un
chico tendrá a lo largo de su vida 7 empleos, 5 de ellos aún no
existen. No podemos prepararlos para eso, pero podemos formarlos
para disfrutar de la incertidumbre y para crear esos empleos.
Ciudadanos del mundo global. Si
retrocedemos100 años no se podría mantener a la población actual de
7000 millones de personas, sino a 2000 millones. Si volviésemos a la
Edad de Piedra, el máximo sería 300 millones. Debemos cambiar la
educación porque el riesgo es que colapse la civilización. No será
mañana, podrán pasar 50 años, pero el siglo XXI es el decisivo.
Todo lo que se aprende será obsoleto. Los
puestos prominentes en 2015 no existían en 2005. La educación debe
abarcar el ciclo de vida completo. Los programas deben ser más
cortos y enseñar las habilidades de la alfabetización tecnológica.
Ya no hay tareas tipo, todas son creativas. Tampoco se puede
trabajar en soledad. No se trabaja sólo con máquinas, y eso demanda
sensibilidad emocional. Debemos crear una educación continua para
toda la vida.
Aprender a procesar información. Hacer
síntesis y análisis de datos es necesario para descomprimir la
presión que crea estar online, la creciente hiperactividad y déficit
de atención. Hay que saber filtrar datos y entrenar al cerebro en la
atención consciente y la conciencia plena.
Educación dual. En
países como Alemania los chicos pasan la mitad del tiempo
aprendiendo y la otra practicando en el trabajo. No es posible
prepararlos para empleos que aún no existen, pero sí se los puede
formar en destrezas como las de crear su propio trabajo, formarlos
para responder ante la adversidad y los desafíos, para ser más
adaptables y flexibles, a aprender lo nuevo y olvidar lo inútil. El
cambio no radica en el empleo, sino en que vayan de la escuela al
trabajo, para aplicar lo aprendido, o ver problemas del mundo real y
volver con su solución.
Brecha de habilidades.
Es la diferencia entre lo que precisan las empresas y lo que saben
los trabajadores. Las Asociaciones deHabilidades solicitadas estudian
dónde hay déficit y arman Programas de Aprendices que
capacitan en eso. Es
necesario paliar el desempleo y crear empleo joven ya, mientras
esperamos la revolución educativa pendiente.
El juego desarrolla competencia. Los
formatos más usados serán el juego y el trabajo en equipo. El juego
permite ejercer diferentes roles y desarrollar competencias ausentes
en la vida rutinaria. Para tener éxito es necesario interactuar con
distintas personas y poder entenderlas.
Inteligencias Blandas. Se
destaca la falta de habilidades socioemocionales, como la de tomar
decisiones, pensamiento crítico, responsabilidad, empatía,
planificación, formular objetivos, estrategias de trabajo y
fortalecer la autoestima. El empresario querría enseñarles su tarea
pero que vengan responsables y disciplinados, que crean en el
trabajo y el esfuerzo y que se dediquen a trabajar. Esa competencia
no se aprende en la escuela. Hay desacople entre lo que la escuela
enseña y lo que el mercado necesita, una disociación entre educación
y sistema productivo.
Personalizar la educación. El
problema es que los que aprenden, se aburren: manejan con cinismo
las reglas del juego escolar pero no le encuentran un sentido. Van y
cumplen. Por eso se insiste en personalizar el aprendizaje. El
argumento es que de la mano de la personalización se resolverán los
problemas de la inclusión, calidad y de motivación y compromiso.
Las materias
extracurriculares intentaron hacerlo con ajedrez, danza, coro,
teatro, música. Si el aparato escolar busca fabricar ciudadanos
iguales, las actividades extracurriculares serían la puerta hacia la
libertad y personalización de la vida escolar. Pero la escuela no
logra ser el contrapeso entre la disciplina y la individualidad. Lo
que se convierte en lección no traduce lo que nace en el mundo
exterior, ese algo del carácter creativo y libertario original.
Otro tipo de
personalización es la pedagógica, mediada por la tecnología y apunta
a que los alumnos aprendan cosas interesantes y difíciles a través
de las mejores herramientas pedagógicas, es decir, las más
personalizadas y atentas a sus necesidades.
Nada que un buen
maestro no pueda hacer, pero sí podrá hacer mejor con el uso
inteligente de datos que la tecnología aporta acerca de tipos de
errores, tiempo de recuperación, estrategias para resolver
problemas. Ese camino se está recorriendo y también presenta
dilemas.
La ecuación es compleja. El
peso de la tecnología debe ser asimilado en el nivel primario y
secundario para incorporar eficazmente las oportunidades del avance
tecnológico. Para eso aparecen las iniciativas de actualización de
programas y los proyectos de capacitación digital.
En la Universidad
Di Tella, pese a que selecciona a los que ingresan, en matemáticas
no saben que la raíz cuadrada de 4+3 no es igual a la raíz cuadrada
de 4 más la raíz cuadrada de 3.
Hay dificultades para
proveer los instrumentos básicos de la cultura, como son la lectura,
la compresión de textos y las matemáticas. Sin estos instrumentos
básicos, los alumnos no podrán avanzar en las habilidades que
requiere un mundo digitalizado y en permanente cambio.
Tecnologías genéricas. Entender
lo que se lee y orientarse en el espacio son básicos para adquirir
cualquier tecnología. No son datos sueltos, ni memoria, sino
comprensiones globales, capacidades de pensamiento lógico y
tecnológico, y competencias interpersonales, como ser capaz de
producir con otros, saber liderar, delimitar, diagnosticar y
resolver problemas complejos que supongan conocimientos, no de una
disciplina, sino de varias.
Los chicos de hoy, a
partir del manejo del celular, asimilan las nuevas tecnologías. Esta
capacidad se potencia con capacidad de lectura y expresión,
razonamiento lógico-matemático y segunda lengua. Y con habilidades
socioemocionales, como confianza en sí mismo, proactividad, relación
con los demás, capacidad de hacer planes y cumplirlos. La
ineficiencia de la escuela es una concepción del conocimiento basada
en la transmisión de contenidos. El alumno debe ser actor de su
aprendizaje, investigador, organizador al indagar un problema,
buscar soluciones, programar, articular conceptos y reflexionar
sobre lo que descubre y aprende.
Una nación que atrasa.
Somos una nación que no puede mirar para adelante y se limita a
llorar por el pasado y pretender volver para atrás. Los políticos
tienen poca visión, tienen miedo a lo que pase si cambia la
educación; los académicos miran más el empleo que lo que pasa con
los chicos, que terminan pagando los platos rotos. Al empresario le
pasa por delante el tema sin ver que el mundo de la innovación
tecnológica no un lujo; la sociedad ni se entera, los sindicatos
creen que estamos en la época del Estado de Bienestar y lucran
personalmente con eso.
Hay incertidumbre por
ese futuro para el que hay que educar y capacitar para los trabajos
del mañana, que nadie sabe cuáles serán. La vorágine tecnológica
apura la necesidad de activar programas de innovación. Deberíamos
garantizar la capacitación de los maestros, hay escuelas que la
buscan y otras que no, lo que es parte del complejo marco de la
innovación en las aulas. Las generaciones hoy son digitales desde
chicos, y muchos de los cambios se potencian por la interconexión y
a la velocidad con la que circula la información, Pero la liberación
personal puede ser inducida por el mercado con un cambio efímero de
deseos, y los esfuerzos diluirse.
La actitud crítica,
las habilidades cognitivas, la capacidad de distinguir entre lo
verdadero y lo falso, son cosas que no están al alcance de un clic.
El pilar es transmitir lo que es irrenunciablemente humano: la
capacidad de discernir. Hay dos certezas esperanzadoras: la primera
es que las características de las demandas y las formas de lucha
juveniles, lejos de mostrar el agotamiento de la política,
evidencian su vitalidad. La segunda es que tienen conciencia de que
están protagonizando un cambio revolucionario.
Un mundo feliz. Aldous
Huxley en 1932 escribió la obra donde predijo una democracia que
sería una dictadura perfecta; una cárcel sin muros en la cual los
prisioneros no querrían evadirse. Un sistema donde, a cambio de
consumo y placer, los esclavos amarían su servidumbre. El desafío de
la época agrega el terrorismo, el poder duro que produce un miedo
que paraliza al poder blando, el lado creativo. Es natural el miedo,
pero lo peor es la autocensura. Sin embargo existe en la mente, las
hace más cautas y eso es lo grave. No hay recetas mágicas, pero es
necesario un “no” incondicional al fanatismo, sin caer en la
propuesta de los “ángeles vengadores”. Debemos promover un diálogo,
un grito de la humanidad ante la barbarie. Una apuesta por la
civilización, una revolución educativa para evitar el fin de la
historia.
Enseñanza individualizada.
Las inteligencias múltiples cambiaron el modo de medir la
inteligencia. Se puede ser inteligente de diferente forma. El
enfoque clásico no hacía foco en la vocación. Pero según Séneca: no
hay vientos favorables si no sabes a dónde quieres llegar.
Tenemos
un poder interior que se convierte en poder inteligente cuando
conjuga el querer con la eficacia. Acceder al querer implica
armonizar la vocación, el talento y el mercado laboral.
No
alcanza con saber lo que se quiere; sin conseguirlo el deseo se
frustra. Lo mismo ocurre si la carrera se elige por imposición de la
familia o dela sociedad de consumo, la que brinda un radar para
imitar a ricos y famosos pero no la brújula del autoconocimiento. La
inteligencia se bloquea también por carencias metodológicas. Los
métodos son la mayor riqueza del hombre.
Un
primer desajuste es la desinteligencia emocional, la falta de
correspondencia entre la vocación y las emociones que se
experimentan. También se bloquea el querer por falta de imaginación,
o la bohemia: calentar la pava pero no tomar el mate. El bloqueo
estratégico es no saber fijar metas; fallar al planear es planear
fracasar. Otro error común es no saber ejecutar el plan. Son
destrezas que deben entrenarse (aprender a aprender y a emprender).
Una virtud clave es la inteligencia social: implica elegir bien a
los que nos acompañarán en la ruta de la vida.
El
capital social es la sumatoria de las relaciones productivas.
Podemos seguir enumerando inteligencias múltiples pero conviene
saber que el verdadero “desarrollo” no es lo que tenemos sino lo que
hacemos con eso, para convertir el espíritu en materia. Para que el
genio que llevamos dentro no se quede encerrado en la lámpara de
Aladino, debemos poder crear ideas y llevarlas la práctica. Para
lograrlo se necesita un coach que facilite concretar la vocación,
descubrirse a uno mismo, por una parte y a trabajar en equipo, por
la otra .
Por eso
y para eso, la educación debe ser la industria pesada de nuestro
país porque es la que fabricará los nuevos argentinos del futuro.
*Director de Ilvem, mail de contacto horaciokrell@ilvem.com.
*CEO de Ilvem. Mail de contacto: horaciokrell@ilvem.com.
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