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Para tener cerebro "en forma" la
actividad física es una gran herramienta para tener mejor salud
neurocognitiva. Al
corazón le hacen bien tener un peso saludable y el ejercicio
regular. Eso también beneficia al cerebro. Dedicarle tiempo diario
al movimiento es necesario para prevenir enfermedades y tener una
memoria "a prueba de los años". Levantar pesas contribuye a evitar
enfermedades neurológicas, "trabajar" los músculos de las piernas
mantiene las neuronas en plenitud. La actividad aeróbica también
aporta. El ejercicio físico regular favorece distintas funciones del
cerebro, desde la capacidad de concentración, mantener la materia
gris y mejorar la memoria. Además, reduce la ansiedad, alivia el
estrés y previene la depresión.
45 minutos de ejercicio físico regular ayuda a prevenir el accidente
cerebrovascular.
Disminuye factores de
riesgo como la obesidad, la diabetes y la presión arterial. Las
personas con mala condición física tienen respuestas de presión
arterial y frecuencia cardíaca más altas a bajos niveles de
ejercicio, en comparación con las personas que ejercitan más
seguido.
La mala salud
cardiovascular a lo largo de la vida atrae efectos negativos sobre
el cerebro.
La actividad física
ofrece grandes resultados a cualquier edad pero son aún más los
beneficios si se realiza actividad física en la adultez.
Los pacientes ancianos mejoran la memoria, su capacidad de reacción
y cognitiva a los pocos meses de iniciar programas de ejercicios
guiados.
No es necesario correr
una maratón, puede ser una caminata intensa siempre que sea regular.
Los males del sedentarismo. La
falta de tiempo lleva a estar mucho tiempo sentado. Vivir puertas
dentro lleva a una vida menos activa. La búsqueda
del bienestar y de la productividad suelen enfrentarse y uno queda
en el medio y tironeado. No
se vive el presente en cada cosa que se hace. La tensión crece ante
la mayor exigencia que demanda más energía para estar presente.
El exceso de tareas impide conectarse
con uno mismo y con los demás por lo que hay que tratar de poner
en juego el cuerpo para conectarse con el presente; aprender a
administrar los tiempos: hacer recreos que permitan salir y entrar
en las responsabilidades, renovando la atención.
Hay que planear cómo
estimular la actividad física por los beneficios que depara y crear
buenos hábitos a desarrollar así cómo agregar una dosis saludable de
naturaleza a la vida urbana.
La tecnología también
puede ayudar a monitorear la salud y hoy existen múltiples
aplicaciones para contar cuánto nos movemos por día, recordarnos la
necesidad de pararnos o asignar tiempos (aunque sean solo de algunos
minutos por día) a meditar, a respirar profundamente para relajarnos
o a tomar agua en las cantidades adecuadas para estar bien
hidratados. La motivación compartida es tratar de cuidar la salud,
sin descuidar las obligaciones. Es un desafío que nos convoca cada
día un poco más y para el que cada persona encontrará una receta a
su medida.
Factores psicológicos. Por
la incidencia de la sugestión el “efecto nocebo” provoca enfermos
sin causa real, en los cuales la dopamina y la actividad opiácea
bajan y se incrementa el dolor. El placebo produce la reacción
inversa, donde la sugestión mejora la salud. Creer en lo malo o en
lo bueno afecta más la química cerebral si es inducida por un médico
o por el temor.
En
los 70, a Sam Schoeman le diagnosticaron un cáncer terminal y murió
pese a que el tumor era pequeño y sin metástasis. Murió sino por
creer que moriría. Si te dan por muerto y lo aceptas eso te condena.
Tienes derecho a saber pero hace más probable la enfermedad.
Neuroplasticidad. El
cerebro se formatea con la experiencia, con la educación y con
aquello sobre lo que medita. El desarrollo no resulta de la cantidad
de neuronas sino de cómo se usan. Las redes neuronales emanan de la
acción, del pensamiento y de las creencias.
Rita Montalcini obtuvo el premio Nobel por aislar el factor de
crecimiento neuronal. A los 101 años se mantenía activa y lo
explicaba por su neuroplasticidad. Mueren sus neuronas pero las que
sobreviven se reorganizan sostenidas por la curiosidad y la pasión.
Se comprobó que cerebro de Einstein era igual al de cualquiera, la
diferencia estaba en cómo lo hacía funcionar.
Dialogar con uno mismo. Séneca
decía que “las palabras o se convierten en hechos o no sirven
para nada”. El lenguaje articula el pensamiento. Eliminando
términos como siempre, nunca, todo, nada, amigo, enemigo, se
reconocen los matices de la realidad. Al pensamiento se lo ayuda
con mejores palabras. “Por qué” orienta a buscar la causa. “Cómo”
lleva a la acción, a imaginar el futuro. “Fracaso” es una
declaración de culpa, “error” induce a reintentar, remite a
aprender. “Problema” tiene una connotación estática, “objetivo”
moviliza hacia el logro. Hay un “no” paralizante y otro que descarta
lo malo. El “sí” estimula a experimentar, a que si las cosas no
salen variemos el cómo. Para Einstein “haciendo lo mismo se llega
al mismo resultado”.
Empowerment, el poder interior. Ford
afirmó que “siempre tenemos razón, si creemos que nos irá bien o que
nos irá mal”. La imaginación crea su propia realidad porque la
realidad subjetiva la dirige. El cerebro ejecuta el relato que
recibe y crea el futuro según el lente que utiliza. El pasado ofrece
su memoria pero no sirve ante el problema porque es nuevo.
El futuro moviliza al presente a través de la esperanza. La fe mueve
montañas y si el deseo es grande el obstáculo se vuelve pequeño. El
creyente no piensa, es regido por creencias, no por razones, ideas,
deseos y hechos. Por eso hay religiones que ofrecen vida feliz o paz
eterna por el 10% de las ganancias. Si la educación enseñara a usar
el cerebro y a conocer al genio interior liberaría el enorme poder
del empowerment a través de su motor que es el deseo.
Hoy la sociedad de consumo ofrece un radar para imitar a ricos y
famosos y no la brújula del autodescubrimiento. El futuro no existe
debemos inventarlo y si lo hacemos nos regalará el mejor de los
presentes. En primera persona los verbos creer y crear dicen lo
mismo: Yo creo.
La visualización creativa.
Es imaginación aplicada a lograr el deseo. Es como soñar despierto y
diseñar el futuro. Según Walt Disney “si lo puedes soñar lo
puedes hacer”. Primero debes ver el resultado, la visión aparece
primero. Hasta el avión se creó antes en la mente del hombre.
Visualizar un deseo es el hábito productivo de hacer un ensayo
previo al estreno. Resulta más fácil conseguir lo que experimentamos
mentalmente. Los ejercicios mente-cuerpo evocan poderosas imágenes
con anclajes psicofísicos. Lo verbal ayuda con frases afirmativas,
cómo:
"Soy el que seré". Los amigos de la derrota son los nervios, falta
de espíritu de lucha, baja autoestima, fatiga, miedo. La gimnasia
mental neuróbica es imaginar mejor para progresar.
Imaginación y voluntad. La
imaginación vence. Imagina que cruzas una tabla a 500 metros de
altura. Temerás caer, pero si la tabla está en el piso el temor
desaparece.
Músculo y cerebro son una pareja ganadora. Imagina el desenlace
positivo como si se hubiese producido. La ejecución complementa la
visión y refuerza la memoria.
Jack Nicklaus, campeón de golf, recorría el terreno antes, hacía la
película de la jugada, sentía su mano, el palo, la bola, asociados a
la escena y la activaba al comenzar a jugar.
El
miedo tiene como imagen al fracaso. Más te esfuerzas en combatirlo
y más crece, aparece la atracción fatal del obstáculo y Mente-Cuerpo
marchan hacia él. Para dirigir la imaginación en positivo hay que
tener la sensación clara del movimiento correcto y del desafío.
Mente
sana en cuerpo sano. Cuando
uno se enferma el otro también. Lo destructivo de la enfermedad, es
no saber enfrentarla. El cuerpo ejecuta lo que piensa la mente, el
intelectual lo hace con palabras y conceptos, el hombre de acción
con personas y cosas. El "Creactor" los combina. El estado de flujo,
de productividad plena, alinea los recursos en dirección a la meta.
Entonces el cerebro fabrica endorfinas y el jugo de la inteligencia
circula por las redes neuronales, creando oleadas de bienestar y de
placer. La derrota surge de un cerebro estático, se la combate con
educación. Educar es obtener de nosotros mismos lo mejor que
tenemos.
Pasión por el futuro. No
se triunfa sin pasión por crear el futuro, con el deseo nace la
fuerza para lograrlo. La visión define la meta y anticipa la
imagen del éxito, edificando el futuro sobre los deseos. Llegar es
la clave porque el futuro es el lugar donde pasaremos el resto de
nuestros días. La historia de las naciones muestra que triunfan las
que crearon su proyecto país y que cayeron en desgracia cuando ese
futuro se esfumó. Quién no sabe reinventarse se limita a tomar
actitudes prestadas, ideas de segunda mano, a adaptarse en lugar de
sobresalir.
Martin Luther King dijo: “Tengo un sueño: que nuestros hijos sean
juzgados por su carácter y no por el color de su piel”. Su visión
respondía a una demanda de justicia y trascendió a su creador. Y
muchos años después millones de personas luchan por alcanzar ese
ideal.
Los
sueños se agotan y deben renovarse.
Pensamiento y acción crean un poder al alcance de todos. “La
visión sin acción no pasa de un sueño. La acción sin visión sólo es
un pasatiempo. Una visión con acción puede cambiar el mundo” , dijo
Joel Barker. Los que construyen su futuro, construyen también el de
los otros. Emprender es una cuestión de sobrevivencia que no podemos
parar. El sueño es el alimento del alma. La enfermedad que mata los
sueños es la falta de tiempo, pero los más ocupados tienen tiempo
para todo y los que no hacen nada se cansan.
“¿Por
qué y para qué tengo que hacer esto?”
Es la clave para saber si uno conduce o es conducido. La vida no se
basa en las respuestas, sino en formular las mejores preguntas.
El
descontento productivo es sentir que algo se nos escapa. Como los
sueños se agotan los debemos reemplazar. Por eso la felicidad no
consiste en conseguir lo que queremos, sino en querer lo que
conseguimos. Toda gloria es fruto de intentar ser mejor. No es una
tarea fácil, a la vuelta de la esquina siempre espera una tragedia.
Pero los ideales, los sueños, el futuro y las metas se corrigen en
la ruta navegando por las aguas del cambio. Feliz es el que sabe
cambiar para seguir siendo el mismo. El feedback con la
realidad impide que sus errores se conviertan en hábitos. La química
de la buena fe circula siempre por el líquido amniótico de la
creatividad.
El
cerebro deportivo de los niños. Los
chicos se escolarizan cada vez más temprano, esto los lleva a la
competencia entre ellos. Cuando tienen edades distintas no compiten
porque saben que no pueden ganarle al más grande y que ganarle al
más chico no tiene gracia. Así aprenden del primero y se divierten
con el otro. Para sobresalir en grupos de iguales hay que ser el
mejor en algo: correr más rápido, ser más prolijo, portarse mejor,
ser original o gracioso, así surge la competencia. En el ámbito
escolar todos hacen las mismas cosas y perciben las diferencias en
los resultados, uno solo va a la bandera, otro es el ayudante de la
maestra, pocos son elegidos para los torneos intercolegiales o para
las olimpíadas matemáticas. Advierten quién se sacó la mejor nota en
la prueba, quién terminó primero, quién hizo el mejor tiempo en la
prueba de resistencia, quién va a ser figura en el acto, qué dibujo
o poesía es elegida para el periódico escolar. Algunos colegios
tienen políticas más competitivas que otros para elegir al
abanderado, a los que van a las competencias, si hay premios y con
qué criterio se entregan, etc. Pero la competencia empieza en casa:
los hijos desde chiquitos compiten por el amor o la atención de sus
padres, y podemos favorecerla, o tratar de que compitan lo menos
posible.
La teoría de
las inteligencias múltiples. Todos
tenemos un genio interior que hay que descubrir y desarrollar. En
primer lugar respetemos y celebremos la individualidad y el estilo
de cada niño. Vino a este mundo para a ser él mismo y no para
entrar en el molde de lo que sus padres esperan. Por eso las
comparaciones son odiosas. No los comparemos entre ellos. Trabajemos
su responsabilidad, independientemente de lo que hagan los demás.
Tengamos una política de no crítica hablemos de las diferencias de
edad y de los tiempos personales de maduración. No criticarlos es el
primer paso para lograrlo. Resaltemos el esfuerzo sobre el resultado
de sus acciones, sin poner énfasis en el logro. La infancia es para
hacer intentos y ensayos, no para tener éxito. De hecho la búsqueda
de éxito los inhibe para accionar.
Favorezcamos
los juegos de cooperación, porque los de competencia llegan solos.
Busquemos la cooperación. Armemos equipo sabiendo que todos son
importantes para que las cosas funcionen. Hay que inculcarles la
idea del trabajo en equipo, que no hay personas ni tareas más
importantes o valiosas que otras, que lo que hay es un equipo en el
que todos hacemos falta.
Cómo dijo
Bilardo, el ex DT de la selección argentina de fútbol: Lo primero
que deben saber es que hay que pasarle la pelota a alguien que tenga
puesta la misma camiseta.
Los cerebros se parecen.
Cuando murió Einstein se investigó su cerebro. Pesaba lo mismo que
cualquiera, no valía por su peso sino por cómo lo hacía funcionar.
Las neuronas de conexión eran muchas más, marcando la diferencia
entre el hardware, el cerebro físico y la mente que lo opera, el
alma que lo inspira y el cuerpo que hace. Cuanto más sepamos sobre
su interrelación y perfeccionemos su dinámica a través de la
educación, más rápidamente evolucionará el cerebro para armonizar
genes y memes -sus equivalentes en el plano cultural-.
Hoy que
las neurociencias se aplican al deporte la mente y el cuerpo deben
convertirse en una pareja sinergética. Para potenciar el rendimiento
en la vida en general hay que aprender a diagramar su combinación y
su cooperación estratégica. El cerebro piensa y decide mientras que
el cuerpo ejecuta. Porque la victoria tiene muchos padres y la
derrota es huérfana el cerebro deportivo debe aprender a
transformarse. Shumpeter definió la destrucción creativa como un
beneficio para la sociedad pero la ruina para quien desaparece del
mercado.
Renovarse
es vivir. La
idea de perder flexibilidad o no
saber cómo eliminar viejas ideas que traban el cambio de
manera silenciosa son
las disonancias cognitivas. Para
renacer, reinventarse y
revolucionar, hay que dejar lo
que ya no sirve, para que nazca
lo que puede ser. Siempre que se gana se pierde algo; siempre que se
cierra una puerta se abre otra. Cuando
el cerebro aprende a destruirse a sí mismo se adelanta a cualquier
competidor y jamás podrá ser destruido.
*Director de Ilvem, mail de contacto horaciokrell@ilvem.com. Solicite su test
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