|
Océanos rojos son mercados donde se compite para diferenciarse y lograr ventajas sólo para conformarse luego con un escaso margen de rentabilidad. Océanos azules son mercados sin competencia que se crean a través de la innovación en valor. A lo largo de la historia las aguas bajaron turbias. El hombre luchó en el océano rojo buscando obtener una parte mayor del mercado. En el siglo XIX Schumpeter definió como destrucción creativa a la acción del innovador que desplaza a un competidor exitoso. El comportamiento fue reactivo, la respuesta sólo se producía ante los cambios.
“La imaginación importa más que el conocimiento”. “Es una locura querer mejorar y hacer más de lo mismo”. “No se resuelven problemas con el pensamiento que los creó”.
Ejemplos prácticos 1-¿Innovación o valor? La trampa tecnológica es correr detrás de la última novedad.
2-La prueba ácida. El hábito lleva a pensar que a mayor valor mayor costo.
El circo fue el negocio más antiguo. En el siglo XVIII se convirtió en una pista con payasos, tigres y equilibristas. En el siglo XX fue superado por el entretenimiento masivo: TV, videojuegos e Internet. El Circo de Soleil creó un océano azul cambiando la sucesión de shows por historias que renuevan cada año. Su cultura empresaria premió la colaboración, eliminó estrellas, animales peligrosos y las pistas múltiples; redujo el suspenso, aumentó el tamaño de la única pista y alteró el diseño.
4-Ir más allá de la demanda existente. Para maximizar un mercado hay que mirar al no cliente y potenciar lo que todos valoran sin apostar por las diferencias. El volumen es importante, no es cuestión de saltar del océano rojo para terminar cayendo en un charco. Callaway Golf creó su océano azul aumentando el tamaño de la cabeza del palo de golf y atrajo a no golfistas y a jugadores que habían aceptado convivir con la dificultad.
En Disneylandia: “Padres extraviados sus hijos los esperan en la guardería”. En el centro de Manhattan: “Ni se le ocurra estacionar aquí”. En el desierto de Arizona: “¿Aburrido no?” Henry Ford: “Un auto para multitudes construido con los mejores materiales”. CRISIS o CRI$I$. El signo $ resalta la amenaza y la oportunidad que entraña una crisis. El capitalismo enfrenta problemas estructurales de empleo, longevidad, inestabilidad monetaria, pobreza y cambio climático ¿Podrá aplicar la teoría de los océanos azules? Para eso debe reforzar el sistema monetario con monedas complementarias. Lograr un mundo para todos demanda que la educación promueva el talento y la igualdad de oportunidades. La moneda social funciona donde escasea el vil metal. Las redes cooperativas desafían el principio de escasez -funcional a la concentración de la riqueza-. Según Doomsday Clock, El Reloj del Juicio Final, a la humanidad le quedan 5 minutos. El reloj de la muerte sólo retrocederá con acciones lúcidas e inmediatas. Agua, oxígeno, petróleo y solidaridad desaparecerán con el calentamiento global y las políticas ciegas. Evitemos la destrucción del planeta. Para que la palabra futuro tenga sentido hay que entender que la sociedad de consumo conduce al suicidio colectivo. En el siglo xii las catedrales cumplían la función económica de atraer turistas. Hechas para durar crearon recursos a largo plazo: Chartres vive del turismo desde hace 800 años. Arquímedes descubrió que con una palanca suficientemente larga y un punto de apoyo se puede mover el mundo. Pareto que el 20% de los factores de un problema generan el 80% de los resultados. La solución es sencilla: hay que hacer palanca sobre los pocos vitales. “Hace casi 100 años el vapor Ancón inauguraba el canal de Panamá, que fue un Océano azul para su pueblo, demostrando que antes se pensaba en las futuras generaciones. Hoy los cruentos derrames petroleros tienen un tufillo a tsunami financiero. Hay que dejar la lucha individual y pensar en el bienestar colectivo. Para lograrlo el mundo debe convertirse en un inmenso Océano azul. Una inscripción en el museo de ciencias naturales de la ciudad de New York dice: “el mundo no es un regalo que nos hicieron nuestros padres, es un préstamo que nos hacen nuestros hijos”. Aprovechemos el presente para construir el océano azul de un futuro que nos incluya a todos. Como pensó Séneca: “no hay vientos favorables para los que no saben a qué puerto quieren llegar”.
Doctor Horacio Alberto Krell * CEO de ILVEM horaciokrell@ilvem.com |
| Clases gratuitas | Sitios Amigos | Contáctenos | Mapa del sitio |